Al filo de las cinco de la mañana del sábado, Adrián LeBarón y familia se preparan para salir de su casa, en la colonia LeBarón, rumbo a La Mora, en el municipio de Sonora; cargan los vehículos con coronas florales y un importante número de estacas metálicas para colocar “en el punto”.
El viaje comienza con la oscuridad de la madrugada y el amanecer llega unos cuantos kilómetros antes de cruzar la frontera entre los estados de Sonora y Chihuahua; una vez atravesada esta línea, Adrián comparte algunos recuerdos de aquel trágico 4 de noviembre: cómo llegaron las noticias, quién fue el primero en llegar, la ausencia de las autoridades, los sobrevivientes y lo mucho que ha cambiado la vida en La Mora tras el asesinato de su hija y otras ocho personas más.
“Al menos el 80 por ciento de las personas que vivían en La Mora se fueron”, explica Adrián para hacer evidente el desplazamiento que existe en el lugar.
El sitio donde fue asesinada Christina Langford es el primero en aparecer en el trayecto. Desde la parte superior de una curva se aprecia la cruz que colocó su hijo y surgen las historias de los centenares de cartuchos percutidos que fueron localizados en el lugar donde las mujeres fueron “cazadas”.
En este sitio es donde Dawna, prima de Julián LeBarón, recibió 38 impactos de bala de los más de tres mil que se dispararon en el lugar.
“El bebé de Christina que yo mismo rescaté, su sillita tenía tres disparos, yo todavía no me explicó cómo pudo ser posible que escaparan con vida seis de los niños después de más de tres mil disparos, están todos baleados, vivos, pero lo que ocurrió aquí no tiene nombre”, relata el activista.
La siguiente parada es a dos kilómetros de La Mora, donde el vehículo de Ronita fue calcinado tras una fuerte balacera perpetrada por varios gatilleros que se encontraban dispersos en un cerro a 10 metros de la carretera por donde transitaba en una Suburban con sus dos hijos recién nacidos.
En ese punto, Adrián, esposa, hijas e hijos instalaron unas carpas y una ofrenda floral en memoria de las víctimas, además, colocaron estacas metálicas con una gorra en los puntos donde se ubicaron los asesinos, esto con el propósito de dejar claro que la agresión fue artera y con pleno conocimiento de a quién se atacaba.
“No son coincidencias, algo pasó, a alguien le están mandando un mensaje, alguien tiene que reclamar territorio, pero no es a mí, tampoco siento que a los de La Mora, al menos que quisieran que salieran corriendo”, recalcó Adrián LeBarón.
Desde el punto donde se colocaron las flores, donde aún existen vestigios del vehículo calcinado, se alcanza a observar el espacio en el que se construirá el memorial a las víctimas, lugar que para los familiares tiene un doble significado.
“Cuando se haga ese monumento, a mí también me va a doler verlo y es peligroso que funcione al revés, porque lo que yo pido es pacificación, no repetición, no olvido e indemnización para los 20 huérfanos de esta tragedia”.
Antes de llegar a la casa donde se reuniría con las autoridades federales, Adrián se acerca al nuevo cuartel de la Guardia Nacional, el cual está fuertemente custodiado al igual que el acceso a La Mora, donde las fuerzas federales no permiten el acceso ni a los residentes del lugar.












