Los migrantes muertos en el olvido

Los migrantes muertos en el olvido

El Día de Muertos es una tradición mexicana que ha rebasado fronteras, conmemoración internacionalmente exhibida, entre otras, a través de la película “Coco”, de Pixar, en la que en sus mensajes se dice que una persona muere realmente cuando es olvidada para siempre.

Es el caso de “John” y “Jane Doe”, mexicanos, latinoamericanos, hombres y mujeres migrantes. John y Jane Doe son el nombre genérico que reciben los migrantes fallecidos en la frontera del lado estadounidense y que, tras ser encontrados, su identidad se diluye en la inmensidad del desierto y de las montañas: sus cuerpos son hallados sin documentos y quedan en el limbo, sin identidad, sin altar, sin rezos ni velas, sin visitas ni pláticas, sin lágrimas ni risas.

Tras ser levantados del lugar donde fallecieron, son llevados al forense y “se les practica la autopsia de ley para determinar la causa de muerte”, explica a EL UNIVERSAL el vocero del grupo The Forensic Border Coalition (TFBC), “y también se busca información que ayude a identificar a la persona, se toman sus huellas dactilares”. TFBC explica que toda la información recabada se sube a diversas bases de datos nacionales e internacionales.

Quizá la foto de alguno de esos migrantes sea puesta en algún altar al lado de alguno de sus platillos favoritos, pero nadie sabrá dónde se encuentra. Pasados determinados años sin ser reclamados, serán enterrados y sus tumbas marcadas o, en algunos condados, son enviados a fosas o cremados y su contenedor también marcado; las marcas sirven por si aparece alguna coincidencia con su ADN.

“Los esfuerzos para intentar identificar a los migrantes sin nombre continúan, después de ser enterrados o cremados, a través de las muestras de ADN”, señala la vocería de TFBC, “se contacta a quienes estén buscando a familiares y se les pide una muestra de su ADN o de algún familiar y en algunos casos se han logrado identificaciones”.