El clima es inclemente debajo del domo de acero en medio de San Antonio, pueblo zoque considerado como uno de los “guardianes de la selva” de Los Chimalapas y defensor del territorio oaxaqueño.
Para ser invierno, el calor a las puertas de la selva está arriba de los 30 grados, así que María García y Emiliano Pérez Gutiérrez, emblemáticos defensores del territorio zoque, buscan la sombra junto con una comisión de comuneros nombrados por los habitantes para platicar con El Universal.
Afirman que ahora no heredarán el conflicto por las 162 mil hectáreas de tierra que han defendido por más de 40 años; sólo queda hacer las paces con el estado vecino, dicen comuneros.
María no titubea, su voz se vuelve suave cuando asegura que la lucha agraria es “el marido más hermoso” que tuvo en la vida. María llegó a la selva de Los Chimalapas todavía en el vientre de su madre, pues ella arribó cuando tenía nueve meses de gestación. Su familia paterna fue enganchada en Michoacán por la empresa maderera de Rodolfo Sánchez Monroy, hace 59 años, para trabajar en su aserradero instalado en las tierras comunales de Oaxaca.
En 1977, los obreros, los zoques de San Miguel y Santa María Chimalapas, que trabajaban en el aserradero junto con comuneros de las dos poblaciones que nacieron ahí, se unieron para correr a la empresa maderera y crear las congregaciones agrarias San Antonio y Benito Juárez, surgidas para defender los límites y conservar la selva de la depredación. Muchos de los trabajadores michoacanos y chiapanecos se fueron, otros más como la familia de María decidió permanecer y adherirse a la lucha de los oaxaqueños.
“A mí nadie me puede venir a decir de quién es el triunfo de esta lucha (...) Es mío, es de todos los que hemos dado la vida. Los que hemos sido encarcelados, perseguidos, asesinados”, dice convencida de su lucha la comunera y partera de 59 años de edad.
El encino como testigo. Emiliano Pérez Gutiérrez es uno de los 130 comuneros guardianes de las 15 mil hectáreas de una reserva natural campesina que posee San Antonio y sabe que la recompensa recibida por defenderla de las invasiones no ha sido justa.
Bajo la sombra del gran árbol, Alberto Ramírez y Jesús Cruz Ramírez, dos de los primeros fundadores, recibieron la noticia de la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) a favor de Oaxaca sobre las 162 mil hectáreas de tierras que han defendido por más de 40 años.
Alberto es un campesino de 69 años que llegó de Miahuatlán atraído por el trabajo a los 22 años. Jesús también llegó en su juventud de Cintalapa, Chiapas. Al sumarse a la lucha de los zoques, obtuvieron tierra y se convirtieron en comuneros defensores de la selva.
Dicen que todos están felices con la decisión de los jueces. Para ellos, los rencores quedaron en el pasado.












