Florecen las sectas al cobijo de la incertidumbre
Con la pandemia se ha acentuado a nivel global el auge de estos grupos. Cortesía

La pandemia ha acelerado el surgimiento de las sectas en todo el mundo, porque cualquier tiempo de crisis es un “caldo de cultivo” para los movimientos que juegan con el miedo y la debilidad de las personas.

A pesar de que la aparición del covid-19 impuso varias restricciones como el confinamiento, que podrían afectar la actividad de los movimientos sectarios que necesitan un mínimo ambiente grupal, los expertos aseguran que la pandemia ha sido un factor positivo para estos grupos que han aprovechado las circunstancias adversas a favor de sus propios intereses.

“Una visión superficial del fenómeno aparentaría que al no haber posibilidad de contacto directo y al establecerse el confinamiento y la falta de presencialidad, esto afectaría negativamente a las sectas. Pero no (…), han encontrado nuevas formas de proselitismo, con una población con más miedo, incertidumbre y desesperanza, lo que les permite ofrecerse como los que traen la salvación en estos momentos”, señala Luis Santamaría del Río, teólogo y experto en sectas. “Los grupos sectarios manipulan y someten a sus adeptos mediante dos vías fundamentales: el ámbito afectivo y (...) del sentido de la vida. Durante la pandemia, en un tiempo tan extraño como el que hemos vivido, estos factores han sido especialmente sensibles, por lo que las sectas han podido acercarse a muchas más personas sin percibir el rechazo que podrían suscitar en otras circunstancias”, agrega el miembro fundador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas y autor de varios libros, entre ellos Entre las sectas y el fin del mundo. Una noche que murmura esperanzas.

Las sectas se nutren de las vulnerabilidades de las personas y de la sociedad, por lo que la aparición del covid-19, con su carga de estrés y desasosiego, ha contribuido a su incremento. A falta de otras vías, las redes sociales se convirtieron en determinantes.

Dice: “Normalmente las sectas responden a la visión de un iluminado, convencido de una misión excelsa, mesiánica (…), también hay iluminados que, sin crear un movimiento, pueden tener alrededor simpatizantes que pasan a ser seguidores o adeptos de una secta que no existe estructuralmente como tal”.

La mayoría de las veces, el tema económico y el expolio patrimonial de los adeptos es un medio, no un fin, aunque en el caso de los iluminados hay más variedad, porque hay farsantes que aprovechan necesidades o debilidades sociales para ofrecer un producto con el único fin de lucrarse.

Con la pandemia s e ha acentuado a nivel global el auge de sectas que van por los derroteros de ofrecer una espiritualidad más amplia, abarcando el campo del desarrollo y crecimiento personal, el autoconocimiento, la meditación, la búsqueda de la paz interior y pseudoterapias.

“Estas corrientes prosperan en algunas grandes ciudades de América Latina, que tienen realidades parecidas a las que podemos tener en cualquier país de Europa. Este sectarismo más contemporáneo está al alcance de personas con poder adquisitivo, (...) muchas con estudios, mientras que en las zonas más desfavorecidas y en el mundo rural sigue habiendo una presencia preponderante de las sectas más clásicas en el ámbito de lo religioso (...) Para el entorno de la New Age y de la nueva espiritualidad holística hay que tener el estómago lleno y dinero en la cuenta bancaria; por esto son otro tipo de sectas las que se centran en personas con necesidades más elementales, a las que ofrecen cultos emocionales basados en la promesa de una prosperidad material, con soluciones fáciles a problemas económicos, familiares o de salud. En suma, ofrecen milagros a cambio de dinero”, dice.

Las sectas hacen que las personas pierdan sobre todo la libertad y la dignidad humana, aunque lecturas superficiales del fenómeno enfaticen el aprovechamiento económico o los abusos sexuales. “A nivel más general, las sectas están haciendo que se difunda un pensamiento mágico, irracional y discriminador: dan por sentado que algunos seres humanos son superiores a otros, lo que en algunos lugares está teniendo consecuencias como la propagación de las teorías de conspiración y que llevan, por ejemplo, a rechazar las vacunas”, concluye.