La discrecionalidad con la que hoy se está impartiendo justicia es muy peligrosa y más aún en lo relativo a prisión preventiva oficiosa.
Más allá de centrar nuestra atención en el caso de Rosario Robles, es grave percibir que se están sentando precedentes que pueden derivar en extorsión o venganzas a ciudadanos cuyo nombre no sea del dominio público; por tanto, ciudadanos vulnerables.
La prisión preventiva oficiosa debe ser el último recurso que aplique un juez y debe contar con muchos candados para equilibrar la subjetividad del juzgador.
Cuando la sospecha de parcialidad envuelve a un caso, como sucede con el de Rosario Robles, se debilita la autoridad moral de nuestro Estado de Derecho y eso es muy grave en un país con altísimo índice de impunidad y de abuso de autoridad por parte de quienes ejercen el poder político.
El desaseo jurídico a partir de inequidades, como lo es la flexibilidad otorgada a Emilio Lozoya y a Alonso Ancira, comparados ambos casos con la rudeza innecesaria contra Rosario Robles y el senador Jorge Luis Lavalle, —ambos presos por sospechas de peculado—, están ensuciando la legitimidad del combate a la corrupción y están presentando otro rostro de esta campaña, o sea, la cacería de brujas para decirle al pueblo que esta lucha sí camina.
Sin embargo, todo parece resumirse en la utilización de la ley como instrumento para el ajuste de cuentas e intimidación, para propiciar que quien tenga cuentas pendientes delate a otros para intentar salvarse.
Peor aún el cinismo con el que la FGR voltea hacia otro lado cuando se trata del círculo del poder.
Es urgente que el Congreso elimine la prisión oficiosa por posibles delitos fiscales y financieros, pues los riesgos derivados de la aplicación subjetiva de la ley son mayores que la peligrosidad de quienes se sospecha que han cometido estos delitos.
Por lo menos, si no se deroga la prisión oficiosa o preventiva, deben instrumentarse candados para que esta decisión siempre deba ser avalada por una institución independiente del poder judicial, o por consejos ciudadanos. ¿A usted qué le parece?












