Desde que los asesinos del ex gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval Díaz, se presentaron en la puerta del bar Distrito 5, en Puerto Vallarta, el personal de seguridad del lugar reparó en ellos: el hombre y la mujer vestían ropa informal (pantalón de mezclilla, camiseta y sudadera), algo inusual en los asistentes, pues contravenía el código de etiqueta del exclusivo sitio ubicado sobre el bulevar Francisco Medina Ascencio.
Cerca de las 10 de la noche del 17 de diciembre de 2020 el exmandatario había entrado al bar para verse con tres personas, lo acompañaban dos escoltas y uno de ellos se quedó afuera; los sicarios llegaron momentos después, se acercaron a la puerta y pidieron hablar con “Manu” (José Manuel “N”, mejor conocido como “Manu Vaquita”), quien se ostenta como dueño del lugar y del bar La Santa.
La gerente del bar se acercó para atender a la mujer y al hombre, y por órdenes de Manu les permitió la entrada sin que fueran revisados para saber si portaban armas, como lo establecía el protocolo de seguridad del lugar; ambos se dirigieron a la barra y se sentaron a unos metros de la mesa en la que estaba Sandoval Díaz para vigilarlo.
Varios de los empleados se percataron de la presencia de la pareja por su vestimenta informal, pero infirieron que debían ser amigos de “alguien”; unos 20 minutos antes de las dos de la mañana del 18 de diciembre, el exgobernador se levantó para dirigirse al baño, la mujer y el hombre fueron tras él, lo alcanzaron en un pasillo y le dispararon por la espalda en tres ocasiones.
Apenas cesaron los disparos en el bar, José Manuel “N” apareció y en tono amenazante ordenó a sus empleados limpiarlo todo rápidamente: “tienen tres minutos para terminar, hijos de su puta madre; apúrense a quitar las cámaras, saquen la alfombra (donde cayó muerto Sandoval Díaz)”. Después fue al bar contiguo, La Santa, también de su propiedad y le ordenó a uno de los meseros y al encargado de seguridad que sacaran de Distrito 5 una alfombra que ya estaba enrollada, la cargaran en una camioneta de redilas y la llevaran a quemar en donde fuera.
Minutos antes de que entraran las autoridades, el dueño del bar citó a todos en la cocina y trepado en la mesa del chef les dijo: “Si les preguntan, ustedes no saben nada, no limpiaron nada, sólo escucharon un disparo, se agacharon y no vieron nada”.











