Washington * AP. Las maras, esa compleja modalidad de pandillas juveniles que proliferan como epidemia en Guatemala, Honduras y El Salvador, no son únicamente un grave problema para la convivencia interna y seguridad ciudadana de esos países.
Por su organización, relaciones y desarrollo, hoy constituyen el más agudo desafío para su avance democrático y seguridad nacional, con irradiaciones más allá de sus fronteras.
Cada expulsión de pandilleros desde Estados Unidos agudiza esa dimensión del problema. Pero hay muchas más: la falta de oportunidades educativas y laborales; la ruptura de nexos y apoyos familiares; la carencia de focos de identidad positiva.











