El penúltimo día de enero de 2017, Luis Antonio secuestró, mató y sepultó en el traspatio de su vivienda a Sofía, de 18 años. Esta semana, después de escuchar que su sentencia son 110 años de cárcel, el acusado soltó una carcajada, la cual fue secundada por su abogado, quien advirtió que se apelará.
Desde que inició el juicio, el presunto asesino no muestra arrepentimiento, en las audiencias siempre se le mira con una sonrisa burlona, y eso duele mucho, dice Elizabeth, la madre de la víctima, quien comenta que se esperaba que se le aplicara una pena mayor, que podrían ser 140 años de prisión.
En tanto, la activista Erika Ortigoza lamenta que “no se logró que el delito se tipificara como feminicidio —se le juzgó sólo por secuestro y homicidio—, Sofía ni siquiera entrará en las estadísticas de violencia de género”.
Elizabeth, quien desde hace más de 200 días llora la pérdida de su hija, dice que el último día que la vio con vida lo recuerda como si recién hubiera pasado.
La joven se convirtió en la luz de la familia Ortega desde que nació, el 22 de septiembre de 1998.
Con Elizabeth siempre está su hermana Rosaura, quien quería a Sofía como a una hija. “Ella era mi hija, mi hija”, dice entre lágrimas, y recuerda que desde que nació se convirtió en una persona especial para toda su familia, era la que se preocupaba por los demás, la que tenía una sonrisa para todos y la artista nata, pintaba y tocaba el chelo en la orquesta Esperanza Azteca. Además, dibujaba y era poeta.
Una de las primas de Sofía se tatuó en el brazo la última frase que la joven dijo a sus familiares antes de desaparecer. Exigen justicia.
Rosaura dice que no sólo la tiene en el corazón, sino también en la piel con el tatuaje de un chelo.
Antes de desaparecer, Sofía diría a sus familiares: “Fluir de forma natural es la estrategia de la naturaleza”, por ello una de sus primas lleva la frase grabada en su brazo.











