Médicos falsos, hábiles impostores

“Urge la necesidad de penalizar a los culpables”, afirmó la médica hondureña Helga Codina. Cortesía
“Urge la necesidad de penalizar a los culpables”, afirmó la médica hondureña Helga Codina. Cortesía

Un costarricense se hizo famoso en las páginas de noticias policiales, judiciales y penitenciarias de Costa Rica en la década de 1970 por su apodo: “Médico loco”.

De apellido Montero y sin estudios en medicina, el hombre ganó popularidad por infiltrarse a robar a pacientes y personal de los centros públicos de salud de ese país. Disfrazado de médico, y sin importar los peligros, “Médico loco” atendió, inyectó, auscultó y hasta recetó fármacos a los enfermos, por lo que cayó preso y purgó prisión.

Casi 50 años después, y aunque se perdió el rastro de aquel hombre que, desde la cárcel, envió cartas a los reporteros de la crónica roja para relatar sus peripecias, ese tipo de impostor se multiplicó en el siglo XXI como un negocio que moviliza gran cantidad de dinero en América Latina y el Caribe, e involucra severos riesgos a la salud.

“Este problema tiene consecuencias graves para la salud y la vida de las personas en América Latina y el Caribe”, afirmó la médica hondureña Helga Codina, vicepresidenta regional de la (no estatal) Confederación Médica Latinoamericana y del Caribe (Confemel) y presidenta del Colegio Médico de Honduras.

“La ignorancia es atrevida. Los falsos médicos son cada vez más atrevidos: desconocen el daño que pueden hacer. Debemos defender a los verdaderos médicos para que protejan la salud de la población”, dijo Codina.

Al admitir que “es uno de los problemas que más preocupan a Confemel”, urgió en la necesidad de “penalizar a los culpables” y aseveró que, aunque los gremios de salud exhortaron a gobiernos y poderes judiciales a detener las prácticas ilícitas, los resultados son nulos.

Codina y Madrigal adujeron que hay escaso interés gubernamental y judicial en atacar estos problemas.