Necesitan ayuda en Durango. Algo va mal, muy mal. Enfrentan una gran tragedia. En los últimos días, en medio del dolor y la incertidumbre, han visto el aumento de los casos de meningitis que ha cobrado la vida de 19 personas.
Han fallecido 19 personas a causa de meningitis por el hongo fusarium solani, en su mayoría mujeres que dieron a luz en los últimos meses o se sometieron a cirugías ginecológicas. Al momento 65 mujeres y 3 hombres enfrentan esta enfermedad cuyo panorama es terriblemente sombrío. Hay mil 400 personas en riesgo y una de cuatro personas contagiadas ha perdido la vida. Es decir, cientos de personas podrían perder la vida y la cifra actual ya es escalofriante.
El hongo entró a su sistema nervioso por una punción en la médula espinal con bupivacaína —un anestésico local de uso frecuente en cirugías de ginecoobstetricia.
La meningitis puede ser fatal o causar daños severos a quienes la padecen. Según datos de la OMS, una de cada cinco personas que supera la meningitis queda con secuelas y éstas suelen ser graves, desde la debilidad o pérdida de algún sentido, convulsiones, problemas de habla y memoria hasta la pérdida de extremidades por una respuesta inmunitaria agresiva ante infecciones (sepsis).
Todos los casos provienen de 4 hospitales privados. A principios de octubre se detectaron los primeros casos de la enfermedad. Para esas fechas los hospitales ya habían recibido decenas de casos y seguían sin avisar a las autoridades sanitarias. El 1º de noviembre falleció Armidia, la primera víctima detectada de esta enfermedad. En esa fecha inició el rastreo de pacientes de cirugías ginecoobstetras en el periodo de mayo a octubre, cuando pudieron haberse contagiado. Posteriormente se extendió la búsqueda a todas y todos los pacientes tratados con bupivacaína en esas fechas (los mil 400 casos antes mencionados) en las clínicas donde se ha encontrado el hongo.
La Fiscalía del Estado, Cofepris y las Secretarías de Salud local y federal tienen dos líneas de investigación: una pericial y otra de tipo sanitario-epidemiológico. Se creó una comisión de 60 expertos locales, nacionales e internacionales para investigar la enfermedad y atender a las pacientes. Sin embargo, todavía se desconoce el punto de contaminación y las razones: dónde y por qué se contaminaron el anestésico o los materiales.
Se necesita claridad del punto de contaminación. Se requiere detonar los protocolos para asegurar de que no haya contaminación en los anestésicos, quirófanos o instrumentos. Los hospitales y medicamentos han de pasar los estándares de higiene más rigurosos. Y claro: se debe sancionar a los responsables.
Alguien no hizo lo que debía hacer, tan es así que mujeres que iban a dar vida, la han perdido. También se debe preguntar: ¿fue Armidia realmente el primer caso fatal, o hubo otros casos antes?, ¿los bebés están bien, a pesar de haberse tratado con los mismos utensilios médicos y en las mismas condiciones que las madres?, ¿de mayo a octubre ninguna autoridad supo lo que pasaba?
No sobra reiterar las solicitudes de cooperación y ayuda internacional a los CDC y a la OMS. Urge identificar cuáles fueron las causas de este brote para prevenir que una tragedia de este estilo vuelva a ocurrir.












