Washington * AP. Los términos del debate sobre inmigración se han vuelto menos amistosos para los inmigrantes indocumentados en tanto que legisladores y el gobierno del presidente George W. Bush luchan por alcanzar un acuerdo en las próximas semanas.
El panorama para una reestructuración en materia de inmigración ha estado en un sube y baja en apenas un ano, con un partido distinto en control del Congreso y nuevas realidades políticas para Bush y los principales negociadores en dicho recinto legislativo.
Bush, en busca de dejar su marca, pasó de ser un espectador interesado a un intermediario en el prolongado conflicto, enviando a miembros del Gabinete a largas reuniones diarias con senadores en el Congreso.
El influyente senador republicano John McCain, cuya postura moderada en asuntos de inmigración definió el enfoque del ano pasado, se muestra reticente, temeroso de enfurecer a los conservadores mientras que lucha por mantener viva su candidatura presidencial.
Y si bien las divisiones entre los republicanos estuvieron en primera plana el ano anterior, esta vez son las fisuras de los demócratas, ansiosos de mostrar que pueden dirigir, las que se hacen notorias.
Además, en un giro irónico, las líneas generales de un acuerdo potencial se han torcido a la derecha, hacia una ruta más difícil a la ciudadanía para los aproximadamente 12 millones de inmigrantes ilegales, incluso mientras que el poder en el Congreso ha pasado a manos demócratas, quienes en general favorecen un enfoque más permisivo.











