México en la resbaladilla

Mañana se cumplen dos años de la elección de 2018, parece que ha pasado mucho más tiempo. En este periodo hemos pasado de las expectativas de cambio a los laberintos de una creciente polarización. Estamos metidos en la peor crisis global en 100 años. Se dice rápido, pero todavía no alcanzamos a ver las consecuencias en las que estamos atrapados como humanidad y como país. A pesar de la gravedad de la pandemia del covid-19, que se expresa diariamente en cientos de muertes, la vida política en México parece que está por entrar en una resbaladilla de elecciones, revocaciones y más elecciones, que no tendrá descanso en los próximos años. 

Este sexenio, que se vio como esperanza de cambio, ha entrado en un remolino por la doble crisis de salud y económica, y por una dinámica política que ha envenado el clima social. Si antes del Covid-19 se vivía una tensa relación entre la 4T y sus adversarios, estábamos en un sube y baja, pero con el virus la tensión se ha profundizado. Las divisiones se expresan diariamente y el país se entiende en clave de blanco o negro, así lo manifiestan AMLO y sus adversarios: chairos o fifís, conservadores o liberales, simuladores o auténticos, conmigo o contra mí. Estamos por entrar a una resbaladilla.

La lógica de confrontación, que también se vive en otros países como Estados Unidos o Brasil, tiene en México un calendario de eventos que nos llevarán a una predominante polarización política. Quedará poco espacio para construir acuerdos y consensos, y para la resolución de los graves problemas que este gobierno prometió enfrentar y empezar a resolver, como la violencia que sigue imparable, la desigualdad y la pobreza que aumentarán con la crisis, la corrupción que permanece y la impunidad que no se ha movido. ¿Vale la pena seguir en esta ruta de confrontación?

El tiempo global ha entrado en una paradoja, la pandemia detuvo al mundo varios meses y ahora empieza a moverse de nuevo, pero a tientas y con enormes temores de una recaída. En México el presidente aceleró el proceso electoral con la publicidad del panfleto BOA, y acomodó las piezas para el inicio de las elecciones intermedias que se llevarán a cabo hasta dentro de un año. En lugar de que las energías políticas y sociales se concentren en un esfuerzo para salir de la crisis de la mejor forma posible, la política nos lleva a las elecciones de 2021. ¿Qué pasará con la caída de 10.5% del PIB en 2020 y la baja recuperación de 3.3% en 2021? (Fondo Monetario Internacional). Sin duda, un escenario que va a traer consecuencias sociales muy graves por la pobreza y el desempleo. 

Las elecciones intermedias serán la primera cita de competencia después de 2018 y el país entrará a una lucha que nos dejará más confrontados y divididos. Luego, unos meses después, vendrá la revocación de mandato, que será un evento que se extenderá hasta marzo de 2022. La revocación, a diferencia de las elecciones intermedias, tiene cierta artificialidad que lo hace prescindible. Para pedir la revocación se necesitan 2 millones 700 mil ciudadanos (3% de la lista nominal) y su resultado tendrá que validarse por más de 36 millones de electores (40% de los electores). Si AMLO lo gana seguirá hasta septiembre de 2024, pero si lo pierde, el sexenio lo terminará un interino. Esta dinámica nos llevará hasta mediados de 2022. ¿Realmente el país necesita una revocación de mandato? ¿Por qué razón AMLO se aferra a este mecanismo que debe ser pedido por la ciudadanía y no por la autoridad? Al país no le conviene meterse a un mecanismo en donde se pueda generar inestabilidad. 

Depende de lo que pase en la revocación, quizá habrá unos cuantos meses de calma y luego, al comenzar el 2023, si bien nos va, se iniciará la lucha por la sucesión presidencial: una pugna por las candidaturas, con los precandidatos metidos dentro de un enorme ruido mediático de opiniones y encuestas, lo cual se prolongará hasta 2024. Llegaremos a la sucesión presidencial con un enorme agotamiento ciudadano; con una economía que seguirá en recuperación por la crisis del 2020; y con una enorme violencia, como lo presagia el atentado del viernes pasado.