Miel, “oro dulce” de apicultores de Ecatzingo

En últimos cinco años, de acuerdo con el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), México tuvo una producción de 57 mil toneladas de miel anuales y en 2015 aumentó a 61 mil 881 toneladas.
En últimos cinco años, de acuerdo con el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), México tuvo una producción de 57 mil toneladas de miel anuales y en 2015 aumentó a 61 mil 881 toneladas.

Ecarzinango, el municipio mexiquense, localizado a un costado del volcán Popocatépetl, produce más de 70 toneladas de miel al año, sin embargo, los efectos del cambio climático afectan cada vez más la seguridad apícola y generan incertidumbre entre los productores.

Con esta sentencia inquietante, el representante de la Asociación de Apicultores de Ecatzingo, Sergio López Rosales, responde a Notimex en una visita realizada a su apiario, ubicado a un kilómetro de distancia del centro de dicha comunidad y sobre el paraje Chachiltepec, en donde persiste un amplia vegetación rodeada por grandes arbustos madroños, pinos, tehuixtle y muchos más.

“El cambio climático influye en el trabajo de las abejas porque los tiempos de frío, calor o lluvia son más extremosos”, expresa y añade que estos pequeños insectos tienen una vida corta y muy productiva, empero, dejan de laborar porque les afectan los cambios de temperatura.

La intensidad del calor disminuye los grados de humedad y perjudica también la producción de néctar en la flora, dice el hombre de 56 años, quien refleja un amplio conocimiento de las abejas en su rostro y fluidez de palabras.

Sin dejar de reunir y cortar varas para preparar el humo que tranquiliza a las abejas, el apicultor permanece en cuclillas y cuenta que lleva al menos 20 años trabajando con estos insectos, una especie que se caracteriza por su gran capacidad de trabajo y una perfecta organización de las colmenas.

Conoce a la perfección esta zona boscosa de Ecatzingo, que en náhuatl significa “lugar consagrado al viento”, y que sin duda muestra la ardua labor de polinización que han hecho las abejas sobre la vegetación. “También lo hacen el aire y otros insectos, pero las abejas hacen un trabajo más directo y eficaz”, apunta.

De manera que los cultivos ofrecen vegetales y/o frutas de muy buena calidad por la polinización que produce al ir en busca de polen y néctar para producir la miel, acentúa López Rosales.

Vestido con camisa gris y pantalón negro desteñido, el señor Sergio camina hasta donde están más de 10 colmenas y, en ese espacio de unos cuatro metros cuadrados, esparce el humo para evitar la agresión de las abejas y, al mismo tiempo, narra que un compañero de tiempo atrás lo impulsó a dedicarse a la apicultura, por lo que comenzó a trabajar con las razas italiana y carniola.

Explica que en cada caja o colmena hay tres clases de abejas: la reina, la obrera y el zángano. La primera es la única hembra sexualmente reproductiva y en una etapa madura llega a poner entre mil y mil 500 huevecillos diarios, después de un año tiende a bajar su capacidad.

Contrario al zángano, que su misión es la fecundación de la reina y la continuidad de la especie, las obreras son las encargadas de salir todos los días a polinizar las flores y recolectar el néctar, polen y propolio. “En periodo de floración trabajan mucho y viven entre 40 y 50 días”, comenta.

“Es un animalito muy noble y trabajador que no distingue días, trabaja sábados y domingos; únicamente permanece encerrada cuando llueve, pero aun así realiza labor de limpieza y da calor al interior de la caja (colmena)”, resalta y continúa dispersando humo para ahuyentar a las decenas de abejas que vuelan a su alrededor.