"Mexico * El Universal. Pese a ser un ambiente competido y masculino, Juana Enríquez, ingeniera bioquímica especializada en fermentaciones, decidió dedicar su vida al tratamiento de desechos orgánicos, área en la cual maneja una empresa exitosa que contribuye a la conservación del ambiente.
El inicio de su carrera profesional se remonta al año 2000 en la ciudad de Tampico, Tamaulipas, donde trabajó como directora de un proyecto en el rastro de la ciudad, ""éramos muy jóvenes y no era fácil que creyeran en nosotros, y más por que íbamos a enfrentar un problema ambiental que era muy serio porque ellos tenían acumulación de desechos en sus instalaciones, sobre todo de estiércol"".
Para atacar el problema la ingeniera propuso un proyecto de lombricultura que en un inicio se realizó como pruebas experimentales sin costo, pero que gracias a los resultados consiguió recursos por parte del municipio, ""cuando las pruebas son positivas nos preguntan cuántos kilos se necesitaban, iba a ser una inversión considerable, y sentí la responsabilidad muy grande, pero en tres años se acabó todo el estiércol que tenían alrededor"", explicó.
Paralelo a ello empezó con un proyecto de producción de biogás para lo cual implantó un biodigestor (un contenedor cerrado, hermético e impermeable donde se deposita el material orgánico a fermentar) de 53 metros cúbicos que en su momento consideró muy grande, pero hoy su tecnología puede abarcar 22 mil metros cúbicos para el tratamiento de grandes cantidades.
El desarrollo les valió en 2004 obtener el segundo lugar del premio nacional otorgado por la Comisión Nacional del Ahorro de Energía (Conae), por encima de importantes instituciones como la UNAM y el IPN, ""todo por estar en investigación y tener el compromiso de mejorar"".
Actualmente su empresa, Servicios ambientales y de energía renovables del centro, evita que los desechos expuestos al ambiente emitan gases de efecto invernadero.
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