Antonio Bustillos es un niño indígena de 10 años y se desempeña como intérprete-traductor del español al rarámuri frente a sus 30 compañeros de grupo en la comunidad de La Merced, a donde llegó junto con sus padres y hermanos a la cosecha de chile jalapeño y cebolla en mayo pasado.
Antonio expresa a su líder educativa, Mónica Elías Medrano, que quiere aprender a sumar, restar, leer y escribir, pues desea contar correctamente cuando reciba la paga del “patrón”, lo que su papá no sabe.
Es uno de los 230 niños indígenas que son atendidos por el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) en comunidades de los municipios de Delicias y Saucillo, como parte del programa educativo para hijos de jornaleros agrícolas.
“Antonio se ha acercado a nosotros, proviene de la comunidad tarahumara de Balleza y en la actualidad cursa el tercero de primaria en el sistema multigrado, nos apoya para desarrollar las actividades planteadas por el capacitador y les explica a sus compañeros”, afirmó Elías Moreno en entrevista.
Mónica tiene tres años en el programa y actualmente está terminando su licenciatura, por lo que recibe una ayuda mensual para transporte, alojamiento y comida en Delicias.
Elías Medrano afirmó que en ese tiempo ha observado que los niños regresan con sus familias a la cosecha, de mayo a octubre, cuando se desarrolla el ciclo escolar para hijos de los jornaleros migrantes.
Al terminar, se entrega una constancia de estudios, tanto de preescolar como de primaria, pues los niños que acuden a las clases son de entre 3 y 15 años, aunque en ocasiones los mayores deben trabajar junto a sus padres.
En La Merced, la mayoría de los trabajadores provienen de la sierra Tarahumara. Los niños toman clase en el rancho donde van a cosechar y pernoctan en refugios dentro de la propiedad, allí el dueño del lugar proporciona un salón para tomar las clases.
Mónica señaló que en la mayoría de las comunidades las clases se imparten en la propiedad donde los jornaleros migrantes realizan la cosecha y en el mismo terreno tienen lugares adaptados para dormir, pero en algunos casos el capacitador debe ir por los niños, llevarlos a un salón comunitario y regresarlos al final de la clase.
“Los menores tienen algunas carencias en cuanto a la alimentación, la mayoría no sabe hablar español, por lo que el proceso de enseñanza-aprendizaje se lleva por medio de un nuevo modelo educativo basado en el diálogo”, indicó.
Manifestó que los líderes y capacitadores buscan apoyo de las autoridades municipales y a veces de su bolsillo llevan a los menores desayunos y refrigerios con fruta, burritos, leche y pan, para complementar la alimentación de los niños, que en casa consta de sopa y frijoles, básicamente.
Las comunidades del sector Delicias y Saucillo de la Conafe comprenden La Merced, Tierra y Libertad, Lotes Urbanos, Kilómetro 92 y Campesina, entre otras, donde acuden niños indígenas de Oaxaca, Puebla, Guerrero y la sierra Tarahumara, principalmente, quienes hablan las lenguas rarámuri, mixteca, zapoteca y náhuatl.
La mayoría son bilingües y los más adelantados en el aspecto escolar son los menores provenientes de Guerrero, que saben leer y escribir, en tanto quienes provienen de la sierra Tarahumara son analfabetas y en su mayoría no hablan español, dijo la especialista en educación, por lo que el aprendizaje “debe comenzar de cero”.
Elías Medrano manifestó que con este modelo escolar se integran tres grupos para preescolar, de acuerdo con la edad y los conocimientos, y de la misma manera hay tres niveles para primaria, donde estudian niños de 3 a 15 años.












