Con una maleta repleta de vestuarios -entre ellos el disfraz de una vaca-, sombreros, sacos y vestidos coloridos, un juglar de la Edad Media recorre ciudades, pueblos y rancherías a lo largo y ancho del territorio mexicano.
Un artista llamado Martín Corona, de orígenes humildes como en la Europa medieval, carga también ropajes que evocan muñecas y personajes del Dr. Seuss, pelotas, aros, esferas, libros y esperanza.
Frente a niñas y niños crecidos en colmenas departamentales de las urbes, en viviendas arboladas de ciudades medias y en localidades rurales, el hombre de 43 años, con alma de infante, toca instrumentos musicales, canta, cuenta historias y leyendas.
“Estoy convencido de que la gente alegre no es violenta, la gente alegre es empática, amable”, afirmó José Martín Corona Alarcón, quien carga a cuestas más de 10 mil funciones de cuentos, talleres, malabares, títeres y canciones para construir nuevas sociedades.
En lugares tan distantes como Petlalcingo, en Puebla, San Pedro Mixtepec, en Oaxaca, o San Rafael Pucté, en Quintana Roo, un Martín Corona convertido en vaca o en juglar hace malabares con sombreros y un monociclo, recrea cuentos y hasta rappea.
“El mensaje de alegría se convierte en un mensaje de paz, en un mensaje de comunidad”, dijo el autor de 15 títulos publicados para niños y jóvenes.
El promotor cultural ha creado un estilo propio al que llama “juglar contemporáneo”, en el cual mezcla diversos lenguajes escénicos a favor de crear un ambiente armónico y divertido para todo público.
“Trabajar para niños es un asunto de salud: los niños son los más cercanos que tenemos a nuestra base como seres humanos.











