Francisco urgió unir fuerzas para aislar a quien usa la religión para llevar a cabo “proyectos de guerra”, en un discurso ante autoridades armenias en el cual volvió a usar la palabra “genocidio” para definir la matanza turca de un siglo atrás.
El papa fue recibido en el Palacio Presidencial de esta ciudad por el mandatario Serzh Sargsyan con quien sostuvo un encuentro privado. Luego, ambos se trasladaron a un amplio salón donde pronunciaron sus discursos.
“Es vital que todos los que confiesan su fe en Dios unan sus fuerzas para aislar a quien se sirva de la religión para llevar a cabo proyectos de guerra, de opresión y de persecución violenta”, dijo Bergoglio.
En su turno el presidente fustigó el genocidio perpetrado por las fuerzas otomanas (hoy Turquía) entre 1915 y 1923, llamó a evitar el “negacionismo” y aseguró que el pueblo armenio no busca culpables ni está movido por el rencor, más bien busca que se reconozca la verdad.
Luego, el líder católico mencionó el “Metz Yeghérn”, la palabra armenia usada para describir la masacre que “causó la muerte de una gran multitud de personas”. Entonces, improvisando, habló abiertamente de genocidio.
“Aquella tragedia, aquel genocidio, por desgracia inauguró la triste lista de las terribles catástrofes del siglo pasado, causadas por aberrantes motivos raciales, ideológicos o religiosos, que cegaron la mente de los verdugos hasta el punto de proponerse como objetivo la aniquilación de poblaciones enteras”, dijo.
Rindió homenaje al pueblo armenio por su capacidad de levantarse siempre y emprender de nuevo su camino con dignidad.
“Teniendo ante los ojos los terribles efectos que en el siglo pasado causaron el odio, los prejuicios y el deseo desenfrenado de poder, espero sinceramente que la humanidad sea capaz de aprender de esas trágicas experiencias a actuar con responsabilidad y sabiduría para evitar el peligro de volver a caer en tales horrores”, apuntó.
Por eso pidió a todos multiplicar sus esfuerzos para que en las disputas internacionales prevalezca siempre el diálogo, la búsqueda constante y auténtica de paz, la cooperación entre los Estados y el compromiso inquebrantable de las organizaciones internacionales para crear un clima de confianza que favorezca el logro de acuerdos permanentes.












