El papa Francisco alentó a un grupo de detenidos de una cárcel boliviana, les aseguró que “no todo está perdido” y les pidió resistir a los enfrentamientos porque “el demonio busca la rivalidad, la división, los bandos”.
Francisco llegó hasta el Centro de Reeducación de Santa Cruz-Palmasola, donde fue recibido por las autoridades del penal y después se trasladó al campo deportivo abierto del pabellón PS4.
Allí escuchó los testimonios de varios internos y el discurso de Jesús Juárez Párraga, arzobispo de Sucre y responsable de la Pastoral Penitenciaria, quien denunció –entre otras cosas- que 84 por ciento de los presos no cuenta con sentencias definitivas y que el hacinamiento supera el 300 por ciento.
“No tengan miedo a ayudarse entre ustedes. Luchen por salir adelante”, impulsó Jorge Mario Bergoglio al tomar la palabra. Aseguró que en las cárceles la convivencia depende de los detenidos y pidió que el dolor no apague la esperanza en lo más profundo del corazón.
Aclaró que reclusión no es lo mismo que exclusión, porque la reclusión forma parte de un proceso de reinserción en la sociedad.
Sostuvo que el sufrimiento y la privación pueden volver nuestro corazón egoísta y dar lugar a enfrentamientos, pero también existe la capacidad de convertirlo en ocasión de auténtica fraternidad.
Según el pontífice, los rezos personales y en comunidad sostienen en la desesperanza y estimulan a seguir caminando, porque cuando Jesús entra en la vida de una persona, ésta no se queda detenido en su pasado sino que comienza a mirar el presente de otra manera, con otra esperanza, y empieza a mirarse con otros ojos a sí mismo y a su propia realidad.











