Hace 58 años, las y los jóvenes salieron a las calles, convencidos de que el país necesitaba libertades, democracia y un gobierno capaz de escucharlos ese dos de octubre. Muchos pagaron con su vida por aquel ideal, pero su lucha dejó una huella que ninguna represión pudo borrar.
Conmemorar un aniversario más del 2 de octubre ayuda a entender mejor las movilizaciones actuales de la generación Z, integrada por jóvenes que crecieron con internet y redes sociales, pero que también enfrentan dificultades, como empleos precarios, vivienda inaccesible, desigualdad digital y crisis climática.
Si bien cambiaron las formas de comunicarse y organizarse, permanece una pregunta de fondo: ¿qué ocurre cuando las instituciones dejan de responder a las necesidades de las personas?
En México, los gobiernos de la Cuarta Transformación han planteado una visión que reconoce a las juventudes como parte fundamental del presente.
Los programas sociales dirigidos a este sector buscan ampliar oportunidades y brindar respaldo para la continuación de sus estudios, capacitación o incorporación al trabajo.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en que la educación y el empleo digno son pilares para construir un país con más bienestar. Esa responsabilidad implica acompañar a las juventudes, escuchar sus demandas y garantizar sus derechos.
Cada generación tiene sus razones para salir a las calles y su momento para exigir cambios. 1968 demuestra que escuchar a las y los jóvenes constituye una condición para la vida democrática.
Las nuevas generaciones son el presente que reclama su lugar en las decisiones colectivas. La responsabilidad de los gobiernos es garantizar que sus demandas puedan expresarse libremente y que las causas que las movilizan encuentren respuestas.
Tal y como ocurrió en 1968, las juventudes siguen siendo protagonistas de las transformaciones sociales, y corresponde a las instituciones demostrar que están a la altura para que la inconformidad se traduzca en derechos, la energía juvenil contribuya a la justicia social y ninguna generación tenga que pagar con su integridad el precio de luchar por lo que le corresponde.












