Veintiún personas baleadas, ocho muertos y al menos otros 15 episodios en los que agentes federales dispararon sus armas sin causar heridos. Las cifras comienzan a mostrar el costado más controvertido de la ofensiva migratoria lanzada por Donald Trump desde su regreso a la Casa Blanca y alimentan interrogantes sobre el uso de la fuerza, la capacitación y los controles dentro de una operación de deportaciones que el presidente convirtió en uno de los ejes centrales de su segundo mandato.
Un recuento realizado por ABC News determinó que al menos 21 personas fueron baleadas por agentes federales de inmigración desde el inicio de la segunda presidencia de Trump. Ocho de esos episodios fueron mortales y entre las víctimas hubo tres ciudadanos estadounidenses.
El último caso
El domingo pasado ocurrió el último caso en Austin, Texas. Un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) disparó contra Wilber Rafael Garcés Pérez, un venezolano de 28 años que realizaba entregas para DoorDash.
El hombre sobrevivió y quedó nuevamente bajo custodia federal después de recibir atención hospitalaria. El episodio provocó protestas y pedidos de una investigación independiente por parte de las autoridades locales.
El caso también abrió otra controversia: fuentes policiales dijeron a ABC News que el agente que disparó no llevaba activada una cámara corporal.
La situación migratoria de Garcés Pérez también está en disputa. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) sostiene que se encontraba ilegalmente en Estados Unidos y tenía una orden final de deportación. Su abogada, Kate Lincoln-Goldfinch, afirma en cambio que había ingresado legalmente, solicitado asilo y contaba con autorización para trabajar.
El DHS dejó en claro que el episodio no modificará su estrategia.
Aumenta presión política
Pero los números y la sucesión de episodios violentos aumentaron la presión política sobre la administración. Esta semana, familiares de personas muertas en operativos de ICE comparecieron ante legisladores en Washington.
Entre ellos estuvo Donna Granger, madre de Renee Good, una estadounidense de 37 años que murió baleada por un agente de ICE en Minneapolis en enero.
Granger reveló que había votado por Trump porque creía que los agentes federales protegerían a los estadounidenses de amenazas terroristas. “Esto es una locura”, dijo.
La escala de la ofensiva también creció. ICE superó los 50 mil arrestos mensuales en julio y agosto, los niveles más altos registrados por la agencia.
Para la Casa Blanca, las cifras reflejan el cumplimiento de una de las principales promesas electorales de Trump: endurecer la frontera y acelerar las deportaciones.
Posible acuerdo Ucrania y pacto con Cuba: Trump
Por otra parte, el presidente Trump afirmó que Rusia y Ucrania podrían alcanzar un acuerdo para poner fin a la guerra antes del invierno, se mostró confiado en lograr un entendimiento con Cuba sin recurrir a una intervención militar y reveló que habló de elecciones en Venezuela con la presidenta interina Delcy Rodríguez.
El mandatario volvió así a expresar su expectativa de alcanzar una salida negociada a la guerra en Ucrania. Días atrás había asegurado ante la Asamblea General de la ONU que Washington trabaja estrechamente con los líderes de Rusia y Ucrania y que cree que un entendimiento puede producirse “más rápidamente de lo que la gente piensa”.
Trump se refirió también a Cuba, en momentos de fuerte presión de Washington sobre La Habana.












