En un un informe publicado este lunes, la Organización Mundial de la Salud informa que actualmente hay en el mundo unos 41 millones de niñas y niños con sobrepeso u obesidad, al tiempo que manifiesta su preocupación por lo que considera una “enorme cantidad”. Ha alcanzado niveles “alarmantes” y se ha convertido en una “pesadilla explosiva” en los países en desarrollo, advirtió.
La cifra del reporte, realizado por la Comisión contra la Obesidad Infantil, equivale al 6.1 por ciento del total de los menores de ese grupo de edad, comparativamente con los 31 millones, un 4.8 por ciento, que se registraban 25 años atrás.
El mayor aumento de este problema se observa en países con ingresos bajos y medios. En 2014 había allí 15.5 millones de niños con sobrepeso, más del doble que en 1990, con 7,5 millones. Los menores con dicho padecimiento tienen muchas probabilidades de seguir siendo obesos como adultos y están en riesgo de sufrir enfermedades crónicas, un tema que sobresatura la capacidad de respuesta de los servicios de salud.
Entre las causas se mencionan factores biológicos, un acceso inadecuado a comida sana, una menor actividad física en las escuelas y la desregulación del mercado de alimentos grasos. Figuran entre las alternativas crear estándares generales para la comida en los centros escolares, gravámenes al azúcar, entre otras medidas, casi todas restrictivas que impactan en otros aspectos de producción y Mercado.
Pero los días, hoy, están colmados de responsabilidades, y la comida de preparación rápida es cada vez una opción recurrente. Frente a lo anterior hay una realidad que cada vez más se menciona en todos los ámbitos. La obesidad y el sobrepeso hoy son el principal problema de salud pública en México al ser primer lugar mundial en niños, y segundo en adultos. El gasto ante esto es el 7% del presupuesto destinado a salud, sólo debajo de Estados Unidos que invierte el 9%.
La mala alimentación, el sedentarismo, la falta de acceso a alimentos nutritivos, entre otros, son factores determinantes. Por ello el sector salud del país ha estado reorientando esfuerzos al aspecto preventivo. Paralelamente han surgido voces de alerta contra ciertos alimentos, pretendiendo adjudicarles demasiada responsabilidad en el fenómeno. Por ejemplo, se culpa a las bebidas endulzadas, sin que esto termine de convencer del todo, ni a todos.
No se pretende pasar por alto que México se ha convertido en el mayor consumidor de refrescos en el mundo. Supera ya a Estados Unidos con un consumo mayor a los 163 litros por persona al año. Rebasa en 40 por ciento al país vecino en consumo per cápita. Sin embargo, al parecer, intencionadamente se ha pretendido establecer una relación directa entre esto y el fenómeno aludido, pero esa sentencia no termina de convencer.
En Chiapas hay comunidades que son grandes consumidoras de este tipo de bebidas, y hasta la fecha muestran cero índice de sobrepeso y obesidad. Sobre el tema se ha tratado se hacer ver que no quedan claras las razones que han dispardo en el país los índices mencionados. Comidas con altos contenidos de grasas y carbohidratos se han consumido por años, sin que se presentara esta realidad inquietante.
Por ello, otra de las aristas, también muy importante, sería analizar y determinar causas, con estudios rigurosos, no sobre afirmaciones que se derrumban según la zona del país en que se escuchen. El tema de la alimentación, como se ve, sigue siendo complicado y un reto tanto en las políticas públicas como en la rutina y hábitos de las familias.












