"México * El Universal. Indígenas otomíes del municipio de Tolimán laboran 12 horas al día en los campos de cultivo de tomate, chile y cebolla del vecino municipio de Colón; en esas plantaciones han encontrado una forma de subsistir sin tener que migrar a otras entidades del país y, sobre todo, sin tener que viajar a Estados Unidos.
Y aun cuando la paga es poca, también el riesgo es menor, dice Leticia, quien se protege de las inclemencias del sol con un paliacate, un rebozo y un suéter. Los tres encimados.
Diariamente un camión de 3 toneladas pasa por ellos a sus viviendas en el municipio de Tolimán; a las 7 de la mañana ya están en los cultivos para cortar el tomate maduro.
La labor cotidiana es llenar 3 camiones de esa dimensión, lo que -dicen- concluyen alrededor de las tres o cuatro de la tarde. Una vez alcanzada la meta productiva, suben a uno de estos camiones que los regresa a casa, distante unos 50 kilómetros.
El municipio de Tolimán es habitado por 23 mil 386 personas, de las cuales 9 mil 588 son indígenas otomíes; es decir, 36.3% del total.
La población otomí migra a la ciudad de Querétaro y San Juan del Río, en Querétaro, o al Distrito Federal y Guadalajara, en donde se dedican a la venta de artesanías, mientras que los varones ingresan a la industria de la construcción, reporta una investigación sobre indígenas migrantes realizada por el antropólogo Diego Prieto Hernández.
Es tradición en estos pueblos migrar a EU en donde, hay colonias de tolimanenses en algunos estados del país norteño.
Leticia Santiago, quien desde hace un año se dedica a la pizca, dice que es mejor hacer esto que irse a otros lados. ""Cuando vamos a otra ciudad luego ni siquiera tenemos dónde quedarnos"".
La colecta del tomate lastima sus manos que quedan negruzcas por el contacto constante con la cascarilla del vegetal.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), entre 50 y 75% de la población de este municipio está en situación de pobreza; es decir, que sus ingresos económicos son insuficientes para adquirir los bienes y los servicios que requiere para satisfacer sus necesidades.
Entre los surcos se encuentra Eliseo, quien decidió, con el respaldo de sus padres, dejar la escuela para venir a trabajar. Tiene 14 años de edad y pasa en los campos de cultivo más de mediodía en compañía de varias de sus vecinas y familiares.
Cortan el tomate que depositan en un bote. Cuando lo llenan, hablan a los ""canasteros"", quienes reciben las piezas cortadas y las transportan -sobre la espalda- hasta el camión, en donde el capataz observa que todo se haga con el cuidado requerido. Eliseo sigue la plática de sus mayores. Dice que entiende su idioma, pero casi no lo habla pues de poco le sirve.
Cada pizcador obtiene 500 pesos a la semana que resulta ser una cantidad superior a la que consiguen, por ejemplo, vendiendo chicles y golosinas en la caseta de peaje de Palmillas, sobre la autopista México-Querétaro. La otra ventaja, es que siempre hay trabajo; ""si se acaba el tomate, nos vamos allá adelantito a levantar chile y si no, pues vamos a la cebolla"", dice Bernardo, quien al igual que el resto de los trabajadores, se niega a dar su apellido.
Un par de años se fue a EU pero poco pudo hacer; aun cuando consiguió trabajo en la construcción y ""cobraba bien"", rápidamente perdió el empleo porque les cayó una redada.
""De nada te sirve ir hasta allá para que luego te regresen y sin nada, sin un peso en la bolsa... por eso está mejor aquí. Quieras que no, no corres peligro con la policía ni con los patrones de allá. Aquí estamos cerquita de la familia"", platica mientras descansa sentado sobre un surco.
En Querétaro, la producción de hortalizas se ha incrementado en los últimos años junto con la instalación de invernaderos. El secretario de Desarrollo Agropecuario, Manuel Valdés, informó que 90% de la producción en invernaderos se exporta, lo que significa cerca de 400 toneladas al mes, cuyo valor aproximado es de 4.8 millones de pesos.
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