Ubicado a poco más de 40 kilómetros de la capital de la Región Altos, Oxchuc es un municipio habitado por personas principalmente de la etnia tseltal. Ahora, tras los hechos violentos registrados en la cabecera municipal, y luego de varios llamados a la cordura, las fuerzas del orden han entrado al poblado con el propósito de reponer el orden alterado por desbordadas pasiones poselectorales.
Quienes hoy tienen en zozobra a la población no son delincuentes. Se trata de líderes y dirigentes que a su vez se hallan a la cabeza de grupos poíticos que deseaban llegar a dirigir la Presidencia Municipal. Y sin embargo ha sido difícil hasta ahora llegar a un acuerdo con ellos. Es raro porque se trata de personas que cuentan con una cierta formación profesional. Se podría pensar que esos excesos que se han visto tras los bloqueos de carreteras, pudieron evitarse, así como los lesionados.
Pero Oxchuc no solo es la actual historia de desórdenes. Fue el primer municipio mayoritariamente indígena de Chiapas en haber votado alcadesa a una mujer con estudios de posgrado. La misma que hoy encara esas manifestaciones de violencia tras ser reelecta con el apoyo de otro instituto político, distinto del que la llevó por primera vez a la Presidencia Municipal.
La actual alcaldesa es cónyuge de otro distinguido dirigente local, abogado, también ex presidente municipal. Ellos son una pareja destacada en el municipio. En el pasado han tenido que enfrentar los odios políticos, no de sus paisanos, sino del que fuera cabeza del Ejecutivo de Chiapas, Pablo Salazar Mendiguchía. Hace diez años era precandidato a presidente municipal de Oxchuc. La Policía informaba que había sido detenido en Las Casas cuando se disponía a huir hacia Estados Unidos. Grandes mentiras.
Pablo ordenó culparlo de encabezar un fantasioso grupo paramilitar anti insurgente, de tráfico de armas, y de lo que se le ocurriera después, pero el verdadero motivo fue que el entonces gobernador anhelaba aplastar al Partido Revolucionario Institucional, incluso en las regiones indígenas, en las que prácticamente era una tradición religiosa. Por eso, hasta las viviendas de sus familiares las metieron en una averiguación previa, con el fin de hundirlo en la cárcel. Sin embargo ha sido una familia que goza del respeto y aprecio de sus paisanos, pues de no ser así no hubiera llegado a representarlos ante el Congreso de la Unión.
Este municipio ha sido escenario de diversos conflictos, por lo que sería tiempo de que sus dirigentes y demás personas notables alcancen acuerdos que permitan a las nuevas autoridades constitucionales trabajar por la superación de los verdaderos problemas que persisten en esa región.
No se espera menos de esos líderes, de quienes han sido señalados en algunas denuncias de estar detrás del telón, y de todos aquellos que tienen alguna responsabilidad y también la posibilidad de contribuir a la concordia. Este municipio indígena necesita la normalidad que permita a los niños ir a la escuela, a los adultos transitar por las calles y las carreteras para desempeñar sus labores cotidianas en paz.
No puede ser posible que sus dirigentes prefieran prenderle fuego a las dotaciones de los desayunos infantiles, a sus edificios y a sus viviendas, que sentarse a la mesa del diálogo para acordar una salida que satisfaga a todos los actores políticos que consideran tener derecho a un espacio en la toma de decisiones.
El afecto y la admiración a la cultura del esfuerzo de sus habitantes, nos permiten hacer un exhorto a la paz y a la concordia.












