Pablo Salazar, el farsante

Pablo Salazar, el farsante

Con el cinismo de quien se cree dueño de la memoria ajena, Pablo Salazar Mendiguchía ha emprendido una gira mediática para venderse como un “perseguido político” del calderonismo.

El objetivo es evidente: lavarse la cara ante la Cuarta Transformación y la presidenta de la República, sin embargo, los archivos son implacables. Salazar no es un aliado de la 4T, sino el hombre que intentó decapitarla en su nacimiento como uno de los mejores aliados de Vicente Fox para el desafuero de AMLO.

Salazar no fue a la cárcel por sus ideas, sino por sus tranzas y crímenes:

1. El Traidor: El brazo ejecutor del desafuero contra AMLO

Es un insulto a la inteligencia nacional que Salazar busque hoy simpatía en el movimiento obradorista.

La hemeroteca no miente: en 2005, Pablo Salazar fue el principal operador de los gobernadores para respaldar el desafuero de Andrés Manuel López Obrador.

El Peón de Fox: Salazar fue el aliado más servil de Vicente Fox para intentar frenar la democracia en México. Su odio al proyecto que hoy gobierna el país fue activo y militante.

El cobro de factura: Si Salazar obtuvo su libertad, fue gracias a la intervención directa de Fox.

No fue justicia; fue el pago de la derecha por los servicios prestados contra el actual movimiento de transformación.

Salazar no es un perseguido de la derecha; fue uno de sus instrumentos más oscuros.

2. El Criminal: Homicidio en Comitán y sangre en las comunidades

Salazar llora por su estancia en El Amate, pero guarda un silencio cómplice sobre las vidas que su gobierno extinguió.

Los 28 bebés de Comitán: En 2003, la negligencia y la corrupción en el sistema de salud de su administración provocaron la muerte de 28 recién nacidos por falta de insumos básicos.

Salazar no salió libre por ser inocente; salió porque el delito de homicidio culposo prescribió.

Legalmente escapó, pero para la historia de Chiapas es un asesino por omisión.

Masacres y represión: Su sexenio fue un periodo de pólvora contra los más pobres en Viejo Velasco Suárez, Venustiano Carranza y San Juan Chamula.

Su discurso se escribió con la sangre de las comunidades indígenas que reprimió sin piedad bajo la máscara de la legalidad.

3. El Ratero: El botín de los 104 millones y el saqueo del Stan

Su proceso judicial fue por robo, no por política.

El seguro de la infamia: Salazar sustrajo 104 millones de pesos del erario para pagar un seguro de vida privado para él y su cúpula. Al terminar el sexenio, se repartieron el reembolso como un botín de guerra. Fue un robo documentado y confesado por sus propios operadores.

Lucró con la tragedia: Mientras miles de familias perdían todo por el huracán Stan, la red de constructoras y prestanombres de Salazar se enriquecía con los fondos de reconstrucción que nunca llegaron a los damnificados. El Stan fue su negocio más lucrativo sobre el lodo y la miseria de los chiapanecos.

4. El Mentiroso: Jaguares y el engaño del deporte

Incluso en el deporte, su sello fue la simulación. Jaguares de Chiapas operó bajo una red de prestanombres para su beneficio personal y político. La posterior crisis del equipo no fue producto del azar, sino el resultado natural de la ruina legal y financiera que Salazar dejó como herencia.

5. El Represor de la libertad de expresión

Nadie en Chiapas ha perseguido más a la prensa que Pablo Salazar. Muestra de ello fue la instauración de la “Ley Mordaza”, con la que buscó encarcelar a los periodistas que se atrevieran a criticar sus excesos.

Su odio a la crítica es el rasgo distintivo de su carácter autoritario: un hombre que confunde el ejercicio del poder con el derecho a la venganza personal.

Sentencia social

La historia de Chiapas no se puede reescribir en un podcast desde la Ciudad de México. Los hechos son contundentes: Pablo Salazar no fue un perseguido, sino un gobernante que confundió el poder con la impunidad.

Su traición a la democracia nacional, su represión contra periodistas, magisterio, indígenas, estudiantes y exfuncionarios, su responsabilidad en la tragedia de Comitán y el saqueo sistemático del erario son realidades que ninguna campaña mediática podrá borrar.

El tiempo le permitió escapar de una celda, pero la sentencia social de un pueblo que no olvida es permanente e inapelable.

Esta es la verdad que Pablo Salazar omite: aquí, en la tierra que gobernó con el garrote y la soberbia, los datos y las víctimas tienen otros nombres.