Padre y maestro impulsa a menores oaxaqueños

El profesor López Acevedo imparte clases a alumnos de las escuelas primarias Francisco I Madero y Benito Juárez, en Oaxaca.
El profesor López Acevedo imparte clases a alumnos de las escuelas primarias Francisco I Madero y Benito Juárez, en Oaxaca.

Además de ser padre de cuatro hijos, el maestro oaxaqueño Jaime de Jesús López Acevedo enseña a los menores de primaria a que en su salón de clases se expresen libremente, para poderlos guiar hacia un buen fin y que logren sus objetivos.

En entrevista, el profesor señala que desde hace 27 años desempeña esta labor y en sus inicios lo hizo en la región mixteca de Oaxaca, de donde es originario, sin embargo, ahora lo hace en dos escuelas de esa ciudad.

“Ser profesional de la educación es un papel bastante grato porque desde que era estudiante de primaria ya me nacía el espíritu de ser maestro y me llena de orgullo decir que la sangre que llevo en las venas es de profesor.

“Por ello es que quiero ser un impulsor de la educación, lo cual es muy satisfactorio para mí y para mi familia”, destacó.

Recuerda que esta vocación es de familia porque “mis padres que ahora están jubilados fueron docentes, además de mis tíos y abuelos, así que esto me inspiró porque me gustaba como ellos trabajaban con los jóvenes y los niños, por eso me nació el ser maestro desde que iba en cuarto o quinto grado de primaria”.

Por ello, afirma López Acevedo, sin dudarlo inició sus estudios en el Centro Regional de la Educación Normal de Oaxaca, donde cursó la licenciatura en Educación Primaria.

Actualmente López Acevedo imparte clases a alumnos de las escuelas primarias Francisco I Madero y Benito Juárez, en la primera en el turno vespertino y en la segunda por las mañanas.

El profesor, quien es originario del municipio de Tezoatlán de Segura y Luna, añade que su familia está muy orgullosa de él. “Tengo cuatro hijos de 26, 25, 12 y 5 años, a quienes también enseño e impulso para que logren sus objetivos”, dijo.

Detalla que junto con su esposa, quien también es docente, pasan tiempo con sus hijos por las noches y los fines de semana.

Respecto al festejo del Día del Padre menciona: “Lo celebramos con una pequeña convivencia en la casa, es algo muy familiar y la vida sigue normal, no hay de otra”.

Paramédico

Por otra parte, Jorge Luis sabe que tener un hijo cambia la vida, la mentalidad y la rutina diaria; por eso cada día deja la ambulancia, el traje de “héroe anónimo”, y acelera su paso rumbo a casa para tener una caricia y un beso de Gina, su pequeña que por “arte de magia” hace desaparecer una jornada de trabajo llena de contrastes, miedos y dilemas.

“No importa si vienes cansado o tuviste un día pesado; el simple hecho de llegar y mirar a tu hija hace que tu día cambie por completo”, expresa Jorge Luis Ayala Gutiérrez, quien desde hace 21 años forma parte del equipo de la Cruz Roja Mexicana.

A bordo de la ambulancia número 30, el papá primerizo cuenta que Gina llegó hace año y dos meses a su vida y, como le aseguraron sus compañeros al momento de compartir la noticia, le ha cambiado la vida por completo.

Para él vino la que es la mejor vida en su opinión: tener una mirada, una caricia y un beso de ese ser maravilloso que concibió con Juana Tovar. “Es un pedacito de ti y la verdad damos todo por ellos”, comenta mientras carga a Gina porque hoy, como en otras ocasiones, lo acompaña al trabajo.

El también subdirector de la Escuela Nacional de Técnicos en Urgencias Médicas de dicha corporación, sabe lo importante que es aprovechar cada momento y espacio libre para disfrutar a su hija y esposa, pues es complicada su profesión y a veces es necesario sacrificar el tiempo de familia.

Pero, lejos de lo demandante, dice que la naturaleza de su trabajo lo hace más vulnerable a sufrir ciertos riesgos, en comparación con algunos otros trabajos, porque viaja a bordo de un vehículo de emergencia y recorre con velocidad las calles de esta ciudad para salvar vidas.

“Es un profesión llena de contrastes porque tú sabes a qué hora entras, pero no sabes a qué hora regresas”, indica y añade que es una situación aún más compleja porque diario se despide de su hija y lo primero que piensa, después de salir de casa, es en volver a verla y regresar con bien a su hogar.

Con esa vocación y una actitud perseverante, leal y constante, Ayala Gutiérrez se coloca un peto con la insignia de la Cruz Roja encima de su uniforme, como ocurre con los héroes de alguna historieta, sube a una ambulancia y enciende la sirena para avisar a los ciudadanos que requiere libre paso para atender una emergencia.

Policía responsable

Tras ocho años de servicio en el Sistema Penitenciario del Estado de Oaxaca, Rigoberto muestra una mirada que combina la autoridad de un policía comprometido con su deber, con la inagotable preocupación y bondad que de quien funge como padre de familia.

“Mis hijos también quieren ser policías. Les emociona mucho verme con el uniforme y sobre todo saber el compromiso tan fuerte que tengo con el pueblo oaxaqueño”.

“Trabajar con adolescentes en el Sistema de Justicia Penal impide abandonar el rol de padre”, explicó Rigoberto, custodio en la Dirección de Ejecución de Medidas para Adolescentes (DEMA).

En su labor tiene la misión de mantener el orden en el Sistema de Justicia para Adolescentes, para propiciar un ambiente de total respeto y colaboración entre los internos.

“Trabajar con adolescentes requiere de mucha tolerancia y tacto. Es como educar a los hijos”, mencionó.

Abundó: “Debes saber mediar la relación, brindar confianza para propiciar la comunicación con los jóvenes, pero sin perder el papel de autoridad. Es la misma actitud que tengo con mis hijos”.