La vasta mayoría de las 240 mil compañías creadas por la firma son legítimas, indica Mossak Fonseca, hoy ya famosa por las revelaciones de los #PanamaPapers. Un gran análisis de Consultoría Meraki, coloca el dedo en la llaga: Al hablar de una vasta mayoría cuyos recursos son de procedencia lícita, debemos asumir que hay una minoría de actores cuyos recursos no lo son. Ese es justo el punto: Las filtraciones exhiben cómo muchos empresarios, compañías o actores quienes no necesariamente han obtenido sus recursos de manera ilícita utilizan esquemas y redes similares que quienes sí.
El dato a registrar acá, por consiguiente, tiene que ver mucho más con la existencia de estas redes, con los sistemas y mecanismos que utilizan, que con las cuestiones técnicas que pudieran legitimar su actividad. ¿Por qué? Porque si estos son mecanismos y esquemas atractivos para organizaciones criminales o actores que operan al margen de la ley, entonces combatir todo lo relacionado con crimen organizado requeriría un esfuerzo colaborativo entre los Estados para cerrar el paso a los múltiples huecos que estas actividades están exhibiendo. Se trata de un mismo sistema. Por ejemplo, la investigación documenta que la actividad de las grandes organizaciones terroristas se facilita y reproduce cuando existen redes criminales operando en distintos países (GTI, 2015).
Algunas de estas redes trafican droga, otras trafican combustible, armamento, productos ilícitos o personas. Otras redes lavan y movilizan el dinero. Sin la existencia de estas redes, no se explica el financiamiento y el poder que han adquirido ciertas organizaciones terroristas como ISIS. Así, hace unos años un reporte dio a conocer que Hezbollah, una milicia libanesa chiíta que ha cometido atentados terroristas, compartía redes de “lavado” de dinero con “Los Zetas”. No es que específicamente Mossak Fonseca facilite el financiamiento de grupos terroristas, sino que hoy se pone al descubierto la existencia de un problema sistémico, algunas de cuyas partes son empleadas por actores no-estatales de carácter violento de distinta naturaleza.
En esencia estamos hablando de corrupción y de esquemas que nutren la desigualdad. La cuestión es que, de acuerdo con investigación procedente de distintas fuentes (Fajnzylber, Lederman y Loayza, 2002; Enamorado, López-Calva, Rodríguez-Castelán y Winkler, 2014; IEP, 2015), ambas variables se encuentran correlacionadas con la violencia. Es decir, estamos ante un mundo en donde el terrorismo se encuentra en crecimiento, en donde proliferan actores no-estatales violentos, en donde la falta de paz golpea a sociedades distintas, en donde millones de personas tienen que dejar sus hogares huyendo de la violencia. En un mundo en donde la pobreza y la desigualdad siguen siendo la marca. Ese es el mundo que hoy se entera de cómo existen mecanismos que promueven entornos ideales para que en ellos se mueva la corrupción y la criminalidad.
Así que, si de verdad existiera el interés en reducir la violencia para países tan lejanos como Siria o tan cercanos como el nuestro, lo primero es comprender que las revelaciones de los #PanamaPapers no se encuentran desvinculadas de esas condiciones.












