El papa Francisco elevó al honor de los altares como santo a Junípero Serra, evangelizador de México y “padre” de California, personaje al que defendió de las críticas recordando que fue un defensor de los indígenas.
Durante el sermón de su misa de canonización, en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, recordó que muchos como él en la historia de la Iglesia han salido de las estructuras eclesiásticas que otorgan “falsa contención”, conformismo y comodidad.
Antes de dirigirse al Santuario, al salir de la nunciatura en Washington, el pontífice saludó de mano a un grupo de fieles que lo esperaba.
Luego en su vehículo utilitario negro se dirigió a las inmediaciones del templo, donde cambió por el papamóvil descapotado. Sobre él tuvo un nuevo “baño de multitudes”, mientras las campanas del santuario anunciaban su llegada.
La misa se inició con el rito de elevación a los altares de Serra (1713-1784). Decenas de hispanos de diversos países asistieron a la ceremonia, con el sueño de ver reconocido como santo por el papa a su patrono.
Jorge Mario Bergoglio no centró en la figura del fraile su discurso, pronunciado en italiano. Habló de él hasta el final y prefirió reflexionar primero sobre la invitación del apóstol Pablo a todos los cristianos a vivir con alegría.
Una llamada que, constató, choca con las tensiones de la vida cotidiana que pueden conducir a la resignación triste que se puede transformar en acostumbramiento y tener una consecuencia letal: anestesiar el corazón.
“El espíritu del mundo nos invita al conformismo, a la comodidad; frente a este espíritu humano hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo”, puntualizó.
Explicó que este impulso a salir y anunciar, Cristo lo propuso para todos. “Vayan a aquellos que viven con el peso del dolor, del fracaso, del sentir una vida truncada y anuncien la locura de un Padre que busca ungirlos con el óleo de la esperanza, de la salvación”, indicó.
“Vayan a anunciar que el error, las ilusiones engañosas, las equivocaciones, no tienen la última palabra en la vida de una persona. Vayan con el óleo que calma las heridas y restaura el corazón”, agregó.Niña oaxaqueña se acerca al papa
Sophie Cruz, una niña oaxaqueña de cinco años de edad, besó y abrazó al papa Francisco, a quien pidió interceda por la legalización de los millones de indocumentados en Estados Unidos.
En el recorrido que realizó el papa Francisco este día por calles de Washington, la niña, que habla dos idiomas y un dialecto, pudo entregarle una carta y una playera. En la misiva le pide que interceda para la legalización de 11 millones de indocumentados en este país.
En la emotiva escena, la niña, vestida con un traje típico oaxaqueño de color blanco con tejidos, en principio y delante de las vallas intentó caminar hacia el papamóvil pero un guardia de seguridad le impidió el paso.
Una mirada de su papá y unos brazos abiertos del papa forzaron al guardia de seguridad a enmendar y no solo llevó a la niña, sino que la cargó para que la abrazara al sumo pontífice y le diera un beso












