El papa Francisco expresó sus “vivas condolencias” por el avión ruso que se precipitó en el Mar Negro días atrás, provocando la muerte del coro y la orquesta de las Fuerzas Armadas, los cuales –recordó- ya se habían presentado en el Vaticano.
Poco antes del mediodía de ayer lunes, el pontífice se asomó a la ventana de su estudio personal en el Palacio Apostólico del Vaticano y saludó a una multitud congregada en la Plaza de San Pedro, acompañada por el frío pero también por el sol.
Tras impartir la bendición con el Angelus se refirió a la muerte de las 92 personas que estaba a bordo del vehículo, un Tu-154, que se dirigía a Siria.
“En el 2004, el coro se exhibió en el Vaticano para el vigésimo sexto año de pontificado de San Juan Pablo II: rezamos por ellos”, agregó, y observó un minuto de silencio en honor a las víctimas.
Antes de su bendición, el papa reflexionó sobre la figura de San Esteban, el primer mártir de la historia de la Iglesia, y afirmó que “el mundo odia a los cristianos” porque “prefiere las tinieblas para esconder sus obras malvadas”.
“Existe oposición entre la mentalidad del evangelio y la mundana. Seguir a Jesús quiere decir seguir su luz, que se encendió en la noche de Belén y abandonar las tinieblas del mundo”, sostuvo.
Estableció que también hoy la Iglesia, para dar testimonio de la luz y de la verdad, experimenta en diversos lugares duras persecuciones, hasta la suprema prueba del martirio. Y exclamó: “¡cuántos de nuestros hermanos y hermanas en la fe sufren abusos, violencias y son odiados a causa de Jesús!”.
Entonces, saliéndose del discurso que tenía preparado, advirtió que los mártires de hoy son, en número, muchos más respecto a los de los primeros siglos. Aseguró que cuando se lee la historia de los primeros siglos, por ejemplo en Roma, se observa mucha crueldad con los cristianos.
“La misma crueldad existe hoy, y en número mayor con los cristianos. Hoy queremos pensar en ellos y estar cercanos con nuestro afecto, nuestra oración y también nuestro llanto”, siguió.
“El día de navidad, los cristianos perseguidos en Irak celebraron la navidad en su catedral destruida. Es un ejemplo de fidelidad al evangelio. No obstante, las pruebas y peligros, ellos los atestiguan con su valentía su pertenencia a Cristo y viven el evangelio empeñándose a favor de los últimos”, apuntó.
Más adelante, el papa pidió que al hacer espacio dentro del corazón de cada uno al hijo de Dios que se dona a nosotros en la navidad, se renueve la alegre y valiente voluntad de seguirlo fielmente como única guía, perseverando en el vivir según la mentalidad evangélica y “rechazando la mentalidad de los dominadores de este mundo”.











