Junto a un análisis crudo de la crisis ecológica en el planeta y un llamado urgente a cambiar el sistema económico-productivo, el papa brindó consejos prácticos para tener una actitud ecológica y de respeto a la naturaleza.
Esto en su encíclica Laudato Si, sobre el cuidado de la casa común”, un documento pontificio de 192 páginas que fue dado a conocer el día jueves por la sala de prensa del Vaticano.
“Si una persona, aunque la propia economía le permita consumir y gastar más, habitualmente se abriga un poco en lugar de encender la calefacción, se supone que ha incorporado convicciones y sentimientos favorables al cuidado del ambiente”, reconoció Francisco.
Calificó como “muy noble” que todos asuman su deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua y separar los residuos.
Cuidados
Instó a cocinar solo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles y apagar las luces innecesarias.
En otro pasaje del texto, Jorge Mario Bergoglio reconoció que actualmente existe “más sensibilidad ecológica en las poblaciones”, pero remarcó que “no alcanza para modificar los hábitos dañinos de consumo, que no parecen ceder sino que se amplían y desarrollan”.
“Es lo que sucede, para dar solo un sencillo ejemplo, con el creciente aumento del uso y de la intensidad de los acondicionadores de aire. Los mercados, procurando un beneficio inmediato, estimulan todavía más la demanda”, indicó.
“Si alguien observara desde afuera la sociedad planetaria, se asombraría ante semejante comportamiento que a veces parece suicida”, añadió.
En el texto, que ya es catalogado como el más importante del actual papado, el obispo de Roma no se limitó recomendaciones superficiales e identificó en la familia el lugar donde se pueden cultivar los buenos hábitos, también ecológicos.
Expresó que allí los pequeños pueden aprender el uso correcto de las cosas, el orden y la limpieza, el respeto al ecosistema local y la protección de todos los seres creados.
Asimismo pidió desarrollar en el mundo moderno aquella vieja enseñanza de las tradiciones religiosas: la convicción de que “menos es más”.
Según el papa, la constante acumulación de posibilidades para consumir distrae el corazón e impide valorar cada cosa y cada momento.
Advirtió que, por el contrario, si se vive serenamente cada realidad, por pequeña que sea, eso abre muchas más posibilidades de comprensión y de realización personal.
“La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos. Esto supone evitar la dinámica del dominio y de la mera acumulación de placeres”, ponderó.











