Dos largas filas de policías marcan el camino que ha de seguir el cortejo fúnebre, desde el Servicio Médico Forense (Semefo), en la colonia Doctores, hasta a la Plaza Tlaxcoaque en el Centro de la Ciudad de México donde hay una lona, sillas vacías y coronas de flores esperando el cuerpo y a la comitiva que lo acompaña.
Incluyendo a los que hacen valla y a los que marchan son casi mil agentes de todas las corporaciones que integran la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de la Ciudad de México que despiden al oficial Pedro Reyes Magdalena miembro del destacamento 3 del Sector 64 de la Policía Auxiliar.
El uniformado murió la víspera de un disparo en el rostro que recibió cuando intentó impedir que asaltaran una sucursal de la Comisión Federal de Electricidad. Reyes Magdalena tenía casi 20 años de servicio, era el oficial 642286, según su placa y el número 16 en morir este año en cumplimiento de su deber.
Junto a la viuda y los padres del oficial caído, la plana mayor de la policía, encabezada por el secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Hiram Almeida, vestidos de uniforme ven salir la carroza blanca del Semefo para incorporarse a la avenida Niños Héroes.
La banda de guerra de la Policía Auxiliar comienza a tocar y la procesión avanza puntual a las 9:30 horas.
Hay oficiales en motocicletas y a caballo, el resto van a pie detrás de la carroza que a su vez es escoltada por oficiales armados que portan uniforme negro. Los oficiales en fila saludan llevándose la mano derecha a la frente a medida que va pasando el cuerpo homenajeado, un helicóptero se une al cortejo volando bajo a mitad del trayecto.
Civiles, transeúntes, ciudadanos y reporteros intercalados entre los oficiales que hacen valla, graban con sus teléfonos celulares o cámaras profesionales el numeroso despliegue. ¿Qué fue lo que pasó?, preguntan algunos observadores pensando que se trata de un operativo en vez de un cortejo fúnebre.
La madre del difunto camina con dificultad y al llegar a la calle 20 de Noviembre no puede más, todos se detienen un momento para que la señora suba al asiento del copiloto en la carroza que lleva a su hijo y así continúa el recorrido.
La procesión llega a su fin, la carroza se estaciona y la plana mayor policial carga el ataúd hasta el espacio donde rendirán honores y misa de cuerpo presente. Más de la mitad de las sillas dispuestas quedan vacías pues los policías se forman alrededor formando un rectángulo. Hay disparos de salva, toque de silencio y pase de lista donde se repite varias veces el nombre de Pedro Reyes Magdalena y su número de placa, 642286. Sus compañeros contestan por él: ¡presente!.
La misa es oficiada por monseñor Luis Fletes Santana y al terminar los familiares se llevan el cuerpo a su tierra natal, para velarlo en familia. Los medios de comunicación que graban la partida aprovechan para entrevistar al secretario: “¿reconoce que los crímenes son ahora más violentos, y que también lo padece la policía (al menos 13 policías han recibido disparos este año)?”.
Su voz es interrumpida por un helicóptero que lanza pétalos de flores al camino de la carroza, pero los dispersa por toda la plaza con la fuerza de las hélices. La entrevista prosigue entre el ruido del motor y el funcionario urge que se legisle sobre la posesión de armas de fuego, una discusión que desde hace un par de meses divide a los académicos de los funcionarios capitalinos.
Los elementos policiacos se van poco a poco, en fila y ordenadamente. La entrevista termina casi al tiempo que el ruido del helicóptero. Mientras los trabajadores de limpia comienzan a barrer los pedazos de flores.












