La Organización de las Naciones Unidas ha advertido de tiempo atrás sobre la situación en general que plantea el cambio climático. Un peligro, una crisis, una amenaza para todos, para las economías, la seguridad, el bienestar de las generaciones venideras y de quienes vendrán después de ellas. Por ello, aunque sin muchos resultados, las naciones han estado reuniéndose para analizar y tomar medidas. Conferencias y protocolos se han realizado, unas desarrolladas y continuadas, y otros pendientes, pero el tema ha ido más allá de esas acciones.
En este contexto, el Gobierno Federal ha tomado medidas. Tras la pasada instalación de la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático, en la que participan trece dependencias, se informó de un presupuesto determinado para impulsar acciones en favor del ambiente. El uso de estos recursos que se hallan previstos en los presupuestos federales, etiquetados para el desarrollo de políticas públicas, pretende fomentar un crecimiento económico sustentable.
El Gobierno Federal ha expuesto los compromisos en favor del ambiente mediante acciones que persiguen objetivos definidos por la Ley de Cambio Climático, aprobada por el Congreso de la Unión, entre los que figuran la reducción del 30 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero para el 2020, y en un 50 por ciento para el 2050.
Como se recordará, organizaciones de la sociedad civil y ambientalistas, Centro Mexicano de Derecho Ambiental, Greenpeace, Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo y el Consejo Civil para la Silvicultura Sostenible, pugnaban hace unos años por la Ley General de Cambio Climático, con el argumento de que no es un asunto de partidos, sino un tema de seguridad nacional que urgía ser atendido por todos los grupos parlamentarios.
Este documento favorece la reducción de emisiones contaminantes, la creación de una estructura financiera y de incentivos para propiciar el desarrollo sustentable, así como la creación de un organismo institucional que se encargue de hacer frente al problema de manera transversal.
Por su parte, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación ha advertido que el cambio climático está modificando las pautas de las temperaturas, las lluvias y el caudal de los ríos, de los que dependen los sistemas de producción de alimentos del mundo.
El reporte ha señalado que una cuarta parte de las tierras en el planeta presenta un elevado estado de degradación. Otro 8.0 por ciento tiene una degradación moderada, 36 por ciento está en condiciones de estabilidad o con una degradación ligera y 10 por ciento se clasifica como tierras que estarían mejorando.
Según Greenpeace, México debe contar con un marco legislativo que aborde el problema del cambio climático para mitigar y reducir la responsabilidad del país en la generación del problema y para contar con los recursos financieros y humanos necesarios con el fin de adaptarse a sus impactos.
Las variaciones climáticas causarán modificaciones en los patrones de reproducción y comportamiento de especies de flora y fauna. Han empezado a impactar por ejemplo, al aumentar la virulencia de la roya del café e incluso en la mudanza de la vivienda del mosquito Aedes Aegypti, que ahora gusta de vivir a mayor número de metros sobre el nivel del mar. Cada hecho y cada detalle, por irrelevante que parezca en apariencia, implica un desafío para el cual no se está preparado.












