Plan

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En el Congreso Forestal Mundial que se desarrolla en Durban, Sudáfrica, con el objetivo de mejorar la gestión sostenible del agua y de los bosques, fue presentado el plan global de cinco años que, de acuerdo con sus diseñadores, ofrece un marco para pasar del debate a la acción a nivel científico, político y económico.

Se destaca que los bosques son esenciales para obtener agua limpia y se solicita enfatizar en la conciencia sobre el tema. El programa pretende promover la investigación internacional sobre la interacción entre los bosques y el agua, integrar ambos factores en las políticas gubernamentales y capacitar a las personas en ese ámbito.

También propone distintos proyectos por valor de 10 millones de dólares para investigar los ecosistemas forestales y gestionarlos de manera que contribuyan a combatir el cambio climático y garantizar la disponibilidad de agua, la seguridad alimentaria y los medios de vida, entre otras necesidades.

Durante dos días, expertos y responsables de distintas organizaciones e instituciones internacionales han debatido sobre los últimos acontecimientos científicos y sobre mecanismos políticos relacionados con la gestión de los dos recursos. El foro, que forma parte del Congreso Forestal Mundial, ahora se enfoca en las inversiones para reforzar el papel de los recursos forestales en el abordardaje de problemas como el hambre, la pobreza o el cambio climático.

La anterior es solo una de tantas estrategias que a nivel mundial se vienen desarrollando en el plano del trabajo concreto, no únicamente teórico o desde el discurso ambientalista. Además, cuenta con capital, simbólico tal vez, ante la magnitud del desafío que representa el diario deterioro de ambos recursos naturales.

Sin embargo, aunque la contaminación y la deperdación continúan, los días internacionales son la mejor ocasión para la exposición de teorías, pronósticos y mensajes relacionados con el medio ambiente en lo general.

Se habla por ejemplo de campañas para proteger a la tierra, de conservar y cuidar los bosques, proteger el agua y tratar los residuos. Las iniciativas van y vienen con avisos incluso dramáticos y sobrecogedores, pero el verdadero problema contnúa avanzando de forma imparable, pese a la voluntad que en efecto y en la realidad, han mostrado algunos gobiernos que no obstante se ven imposibilitados para sancionar cuando quien contamina es lo que se llama la inversión productiva.

No obstante, frente a innumerables problemas que persisisten en cuanto al cuidado de los recursos naturales, ha habido un avance en lo que se refiere a la creación de conciencia en algunos sectores de la sociedad. Hay grupos y asociaciones que cada vez dan más importancia a las acciones en ese sentido. Hablan y actúan, sobre todos jóvenes, de promover la plantación de árboles para preservar los bosques; de la valorización del agua como derecho humano; y de trabajar en el reciclaje de la basura. Y en la práctica lo hacen.

Constituyen una generación que da esperanza a las que vienen detrás, las cuales heredarán lo poco que permanezca en pie de un ecosistema que ante su destrucción, a su vez, reacciona con fenómenos naturales que arrojan más daños, pérdidas económicas y muerte.

Frente a lo anterior, en algunas regiones se han propuesto y llevado a efecto mecanismos de recaudación voluntaria. En alguna ciudad del país, casi 50 mil familias donan un promedio de 150 mil pesos cada mes con el fin de utilizar esos recursos en acciones de conservación y restauración de una zona serrana que les asegura el aprovisionamiento de agua. Esa sociedad, como otras más, ha comprendido que eventualmente la gestión a nivel civil resulta de mayor efecto del que se pensaría.