Popocatépetl, ¿cómo medir el potencial eruptivo?

Los volcanes se pueden clasificar según su tipo de lava, emplazamiento tectónico, tamaño, localización
Los volcanes se pueden clasificar según su tipo de lava, emplazamiento tectónico, tamaño, localización

De vez en cuando una pizca de la realidad que sostiene nuestro planeta se asoma a través de la boca de un volcán. Debajo de la corteza terrestre hay un océano hirviente y semifluido que cubre una región grande y profunda. Está compuesta por materiales fundidos que constituyen el magma, en cierto sentido, la sangre de la Tierra. La actividad magmática es un indicador de que nuestro planeta sigue vivo, tanto en el sentido geológico del término, mediante la renovación de la corteza terrestre, como en el sentido biológico, manteniendo el calor de las capas más profundas de la Tierra.

Cuando el magma emerge del fondo de la Tierra a través de un volcán se convierte en lava y otros materiales que pueden poner en riesgo las poblaciones cercanas a él, pero que también aportan importantes pistas de la actividad real que mantiene en su interior esta impresionante estructura de la naturaleza.

El doctor Robin Campion, investigador del Departamento de Vulcanología del Instituto de Geofísica de la UNAM y miembro del Comité Científico Asesor del Volcán Popocatépetl, señala que finalmente un volcán como el Popocatépetl es la parte visible de un gran sistema de alimentación magmática que al recibir nuevas inyecciones de magma empieza a cambiar una composición que será delatada mediante el análisis de los gases que emana.

Campion, experto precisamente en el estudio de los gases volcánicos, señala que las exhalaciones permiten indagar sobre el llamado magma primitivo o juvenil (recibe este nombre porque todavía no ha evolucionado), cuyas inyecciones al interior de la tierra revelarían un mayor potencial eruptivo. Es así que por ahora el siguiente reto científico en el trabajo exploratorio de un Popo en un estado bastante activo (el mayor detectado en la última década) es justamente medir la composición precisa de sus gases para saber qué tanto magma primitivo está debajo del volcán.

Hasta el 19 de mayo se llegó a un punto donde fue necesario subir el nivel de alerta, pues el volcán mostró una actividad comparada a sus episodios de 2012, cuando este estratovolcán con una altura de 5 mil 452 metros sobre el nivel del mar también ocasionó que el Cenapred (Centro Nacional Para la Prevención de Desastres) elevara el semáforo de alerta volcánica de fase amarillo 2 a fase amarillo 3 debido a su gran actividad y potenciales riesgos a poblaciones aledañas.

Historia en movimiento

Todos los volcanes son diferentes, pero existen grupos que ayudan a entender de mejor forma sus dinámicas e historia. Los volcanes se pueden clasificar según su tipo de lava, emplazamiento tectónico, tamaño, localización geográfica, actividad, morfología y número de erupciones.

Existen varios criterios para clasificarlos, pero la mayoría de los geólogos los agrupa en cuatro tipos principales: conos de ceniza, estratovolcanes, volcanes en escudo o domos basálticos y los domos de lava.

Los estratovolcanes, como el Popocatépetl, también conocidos como poligenéticos, se han ido creando mediante estratos con el material fragmentado arrojado a través de su muy larga historia.

Origen y destino

Es así que hay una gran variedad de disciplinas que se han desarrollado en torno al estudio y monitoreo de un volcán. Además del monitoreo geoquímico que aporta el estudio de sus gases, el monitoreo sísmico se apoya de una red de estaciones sismológicas situadas sobre y alrededor del volcán, proporcionando información clave sobre cómo cambian sus patrones símicos.

También son muy útiles las herramientas de evaluación geofísica, como el estudio del campo magnético terrestre y que en las zonas volcánicas es afectado por los cambios en el valor de la gravedad, debido a la masa que se acumula al interior de estos volcanes.

En su historia más reciente, el Popocatépetl se mantiene activo desde hace tres décadas. Según reportes del Cenapred, después de 70 años de inactividad, se notó un paulatino incremento en la actividad de fumarolas del volcán que reinició su actividad el 21 de diciembre de 1994 con etapas efusivas y explosivas asociadas con el crecimiento y destrucción de domos de lava en el interior del cráter. Desde entonces, sus cenizas han alcanzado de manera recurrente las ciudades de Puebla, Morelos y de México, y poblaciones incluso más distantes como Querétaro y Veracruz.