¿Por quién tocan las campanas?

¿Por quién tocan las campanas?

“Escucho las campanas y me pregunto: ¿Y ahora quién se murió?”. En los pueblos, quienes tocan las campanas de las parroquias llevan la cuenta del número de fallecimientos por barrio. Entre otras labores, ellos anuncian la muerte. Por el covid-19, las ceremonias religiosas se suspendieron, pero se incrementó su trabajo de doblar las campanas para dar a conocer los decesos.

Mientras la gente estaba en confinamiento, desde sus casas podían escuchar el sonido que da a conocer el luto. Desde hace ocho años, Lino Peña Nova trabaja en la parroquia de San Miguel Arcángel que está en el municipio de San Mateo Atenco, en el Estado de México. Mientras estuvo cerrado el templo, él se quedó a resguardar el lugar. Durante la pandemia, Lino ha tenido que doblar las campanas para despedir a familiares y amigos.

“El caso que tengo más en mente fue el de la familia Piña; empezó con los síntomas el yerno, después su suegro, luego la esposa y la nuera, y así sucesivamente se fueron contagiando. Se murieron seis personas de la misma familia. Ahí empezamos a ver que venía el problema muy fuerte”, recuerda.

El hermano de Lino (Marco) trabaja en la parroquia de la Inmaculada Concepción, en el mismo municipio.

La razón por la cual los hermanos escogieron esta vocación es porque su padre era sacristán, pero enfermó, le detectaron agua en los pulmones y pidió a Marco que se hiciera cargo de su puesto mientras se recuperaba, pero eso no ocurrió. Su padre falleció al poco tiempo. Ahora Marco se encarga del mantenimiento de la parroquia.

“Fue en mayo cuando la situación estuvo más difícil, porque mucha gente no creía, entonces no se cuidaron y hubo muchos muertos.

Se doblan cuando están velando, y cuando van al sepelio se doblaban dos veces por difunto, pero cuando incrementó el número de muertos decidimos solamente tocar una vez”. Por teléfono le avisaban a Marco de las personas que habían perdido la vida.

La información oficial sobre covid-19 del Estado de México muestra que el 1 de mayo de 2020, el municipio de San Mateo Atenco reportaba seis casos de contagio, pero ningún deceso.

El 20 de mayo registró sus dos primeras defunciones por el virus. Para junio eran 192 los contagiados y 38 los muertos por coronavirus.

En julio las cosas se complicaron para los habitantes del municipio, los dobleces de campana se hicieron continuos y anunciar la muerte se volvió rutinario y doloroso para quienes las tocaban.

La actividad principal de San Mateo Atenco es la venta y fabricación de calzado, pero con el confinamiento los mercados de zapatos cerraron y los trabajadores pararon su producción.

El 1 de enero de este año, el municipio reportó 746 contagiados y 109 fallecidos. Al 26 de febrero eran 840 casos y 147 defunciones. Para marzo, la localidad seguía sumando decesos.

En el Estado de México, Ecatepec es el municipio que mantiene un alto número de casos positivos y fallecimientos por el virus; le siguen Toluca, Naucalpan, Chalco y Nezahualcóyotl.

“Mi vecina de Buenavista murió de covid y su hijo también. Ella falleció a las 12:00 de la madrugada y su hijo a las 2:00. Fue su hija la que vino a pedirme que doblara las campanas. En calzada del Panteón vivía un señor que desde hace dos años venía todos los miércoles a la 1:00 de la tarde y se quedaba hasta las 2:00 orando. De pronto ‘Benito’ dejó de venir. Una tarde me dijeron que doblara las campanas. Murió ‘Benito’ por covid”, relata.

La importancia de hacer sonar las campanas es con el fin de informar a la población. “Las campanas son emblemáticas a lo largo de la historia. En cuestiones personales, tienen una importancia porque de lo contrario la gente no se entera. Estamos en una sociedad en la que no nos interesa el que vive junto, ni enfrente, ni el del otro lado (...) Yo doblo las campanas y la gente viene a preguntarme quién falleció, en ocasiones son conocidos de vista o comadres, así que les llevan veladoras o flores. El hecho de doblar se convierte más en una cuestión informativa, pero también representa que hay duelo en una casa y se hace un llamado a la comunidad para acompañarla”.