Indefensos y temerosos, dos peligrosos emisarios colombianos del brazo financiero del narcotráfico de Colombia fueron linchados a latigazos por una maya guatemalteca en septiembre de 2021, en una aldea del centro-occidente de Guatemala, por amenazar de muerte a un comerciante para que pagara la cuota diaria de un préstamo “gota a gota”, un temible mecanismo de usura, extorsión, lavado de dinero y crimen organizado.
Un cobrador colombiano del riesgoso método de circulación -fácil entrega y cobro fulminante- de dinero de origen ilícito en Perú, fue asesinado a balazos en mayo de este año en una calle de Lima. En ese mismo mes, y en un ajuste de cuentas del sistema “gota a gota”, el cadáver descuartizado de un adolescente venezolano, de 16 años, fue hallado dentro de una bolsa también en la capital peruana.
De México o Guatemala a Perú, o de Honduras y El Salvador a Costa Rica, Argentina, Chile, Bolivia o Colombia, la modalidad del “gota a gota”, activada desde hace más de 30 años por organizaciones colombianas de la delincuencia organizada y copiada de mafias de Rusia y de Japón, se infiltró con rapidez allá por la década de 2010 en América Latina y el Caribe.
“Las cosas malas y los delitos se propagan con rapidez en nuestra región”, lamentó el sociólogo peruano Fernando Rospigliosi, ex ministro del Interior y ex presidente del (estatal) Consejo de Inteligencia de Perú.
“Este tipo de delito ha invadido a todo el continente, como el sicariato. En Perú hay venezolanos que actúan como sicarios y amenazan y asesinan a las personas que incumplen con sus pagos. Es un fenómeno muy peligroso que se está extendiendo”, dijo Rospigliosi a El Universal.
Con una red de prestamistas y matones que capta a personas urgidas de obtener dinero a cualquier costo, el procedimiento consiste en entregar los recursos en efectivo de manera inmediata y a elevadas tasas de interés, que podrían llegar al menos a 40 %, y bajo la condición de que el pago se haga todos los días o “gota a gota”. Si el deudor falla, queda expuesto a un variado menú de violentas amenazas, con asedio constante.
Acorralados por las permanentes crisis económicas en sus países, centenares de miles de latinoamericanos y caribeños “lubricaron” el negocio ilícito del “gota a gota” desde antes de 2020, cuando se confirmó la presencia del coronavirus en la zona.
Por el impacto negativo de la pandemia, que incrementó la pobreza, provocó una parálisis productiva y agudizó tanto el desempleo como el subempleo; el número de víctimas de los colombianos y sus socios locales siguió creciendo durante más de 26 meses.
El aparato financiero de Colombia alertó en mayo de 2020 que unos 6.3 millones de colombianos, de unos 48.2 millones de habitantes, y numerosas microempresas, son vulnerables a caer en el “gota a gota”, porque carecen de requisitos esenciales, como historial de créditos y garantías reales para acceder al mercado formal de financiamiento.
Redes sociales como Facebook, sitios de internet y aplicaciones telefónicas son usadas para ofrecer préstamos con trámites rápidos y sencillos, pero el costo real será totalmente distinto.












