Si el gobierno no da los suficientes recursos económicos para la educación superior, quienes terminarán pagando la ausencia de las obligaciones del Estado, serán las futuras generaciones de estudiantes y profesionistas mexicanos. Lo pagarán por medio de la compra y gasto de insumos, servicios, materiales y tecnología. Más aún, lo pagarán más caro con la discriminación del mercado que seleccionará y pagará mejor a egresados de instituciones de educación superior privadas que de las públicas.
Los recursos destinados para las universidades públicas en México programados en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2022 que están por aprobarse en el Congreso, no presentan un aumento significativo respecto a la inflación estimada.
La reducción de la participación presupuestal del Estado provoca que las familias de las y los estudiantes tengan que cargar con los costos que generan cursar una licenciatura o una especialización.
No es gratuito que durante 2020 y 2021 en México a causa de la pandemia y por el paso obligado de una educación presencial a una virtual, se haya disparado la deserción en la educación media y superior. Solo quienes pudieron cubrir o solventar los gastos de internet, contar con dispositivos móviles o computadoras actualizadas y el pago de luz en sus hogares, pudieron mantenerse activos en las universidades.
Carlos Iván Moreno, coordinador general académico y de innovación de la Universidad de Guadalajara, alertó respecto a que es la primera vez en veinte años que la matrícula en la educación superior disminuyó, así como también las y los estudiantes de nuevo ingreso.
Más allá de los dichos, de los argumentos breves y polarizantes que vierte el Presidente en las mañaneras, objetivamente, existe un grave problema en la educación en México que va más allá de los planes de estudio o los posicionamientos políticos de sus comunidades. Sin la suficiente inversión en educación superior e investigación básica, una pujante movilidad social hasta ahora enmohecida y oxidada de la 14va economía mundial será más difícil, sino imposible, de alcanzar. Habrá que ver si la deuda histórica con el proyecto educativo mexicano despega o languidece bajo auspicio de la llamada 4ta transformación.












