Prevenir

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Con un reporte de casi quinientos movimientos telúricos, Chiapas se sitúa en el segundo lugar en actividad sísmica nacional, detrás de Oaxaca con 598 y delante de Guerrero con 371 eventos. El Sistema Estatal de Protección Civil dio a conocer ayer que los 473 movimientos equivalen al 24 por ciento de los mil 938 registros en lo que va de este año a nivel nacional cuyo epicentro ha sido localizado aquí. De tiempo atrás se ha informado que la entidad se encuentra ubicada en una región donde convergen tres placas tectónicas, la de Cocos, del Caribe y Norteamérica, por lo que la vulnerabilidad es alta a este fenómeno. Por ello, y porque ante eso no hay defensa posible, lo indicado es sumarse a las tareas que en este sentido realiza el Gobierno estatal. El próximo 20 de marzo, a las 12:00 horas, la Secretaría de Protección Civil realizará un simulacro con hipótesis de sismo con magnitud de 7.9 grados Richter, con el propósito de conocer y medir la capacidad de respuesta, coordinación y operación del Sistema Estatal de Protección Civil y dependencias que lo conforman. En este ejercicio participan personal de las dependencias federales, estatales y municipales, planteles educativos, así como organizaciones privadas y la población chiapaneca. Y más vale que se tome en cuenta esa participación, por la seriedad del tema que puede afectar a todos. Todos recordrán aquel noviembre de 2012, cuando un terremoto de 7.3 grados en la escala Richter, con trece réplicas, cuya intensidad no se registraba en Chiapas en diecisiete años, ocurrió en el preciso momento en que se realizaba un simulacro de sismo. Así juega la casualidad con los humanos, porque ninguna relación hay entre ambos eventos. Ese terremoto, de acuerdo con el Sistema Sismológico, fue similar en escala al de 1957, de 7.7 grados Richter con saldo de 700 muertos, pero menor que el registrado en 1985, de 8,1, con duración de poco más de dos minutos, que fue devastador. La magnitud en escala Richter –Dr. Charles F. Richter– mide efectos del movimiento: menos de 3.5 no se siente pero es registrado; 3.5 - 5.4, se percibe, pero sólo causa daños menores; 5.5 - 6.0, causa daños ligeros a edificios; 6.1 - 6.9, puede ocasionar daños severos en áreas muy pobladas; 7.0 - 7.9, es un terremoto mayor que provoca graves daños y 8 o más, es considerado un terremoto de gran magnitud, con destrucción total de comunidades. Eso remite a varias reflexiones. La prueba que pone un temblor se relaciona con el cumplimiento de ciertas disposiciones cuya vigilancia para su puntual observación es obligación de servidores públicos y de autoridades específicas. También interviene en esto la cultura que exista entre la población para sortear en la medida de lo posible los peligros que implica, así como la capacidad de respuesta de organismos de auxilio, que dependerá en primer término de la posibilidad de movilidad y de acción que hubiera tras el fenómeno perturbador. La sugerencia en este sentido es tomar conciencia de la vulnerabilidad y exposición de Chiapas a estos fenómenos y actuar en consecuencia. ¿Cómo? Con la participación de todos en ejercicios como el próximo simulacro, porque así habrá por lo menos una idea de qué hacer en caso de que un evento tan perturbador se presente con afectaciones graves. En segundo lugar, se debe poner especial atención en la calidad de obra –pública o privada– que se construye. Lo demás está en manos de la naturaleza. Nada podemos hacer frente a esa fuerza descomunal.