Prioridad de la esperanza

A más de dos años del inicio de la pandemia covid-19 y cuando se vislumbraba su posible terminación, emerge una nueva ola causada por la cepa ómicron. Durante este periodo de tiempo, el mundo ha sufrido cuatro grandes crisis: sanitaria, económica, educativa y psicológica.

La verdad de las cosas es que al día de hoy no existe seguridad del momento en que se irán superando las distintas crisis, hay la esperanza de que la cepa ómicron por su grado de contagiosidad y menor gravedad logre la “inmunidad de rebaño”, que se logren reponer las cadenas de abasto y se controle la inflación dentro de unos meses y que se normalice la actividad educativa, aunque de nada de ello se tiene certeza.

Lo que sí se sabe es que en algún momento las crisis sanitaria, económica y educativa se superarán. Este tipo de crisis por definición son transitorias. Sin embargo, la crisis psicológica puede comportarse de manera distinta. La superación de la crisis psicológica depende de la esperanza sobre el futuro. Si se ha perdido la esperanza se puede pasar años dando vueltas en círculo sin conseguir retomar el rumbo de los acontecimientos.

Hoy se percibe un desánimo generalizado en el mundo, la salud mental se ha deteriorado de manera considerable, si ya en 2018 la Organización Mundial de la Salud pronosticaba que la principal causa de discapacidad laboral en economías emergentes para el 2020 serían la ansiedad y depresión, con la pandemia se multiplicó: de acuerdo con un informe publicado por la propia OMS en octubre del 2020 se estimaba que cerca de la mitad de la población mundial estaría sufriendo ansiedad o depresión en algún grado.

¿Cómo será la nueva realidad en la que desembarquemos dentro de unos meses cuando pase la crisis sanitaria? No lo sabemos, hay muchas incógnitas, sin embargo, hay consenso en el sentido de que será diferente al mundo que se estaba acostumbrados a ver. Inclusive algunas opiniones plantean un cambio de época.

Para enfrentar la nueva realidad que nos espera se requiere de fortaleza mental que se alimenta en gran medida de la esperanza. Por ello, lo peor que puede pasar en la vida es la desesperanza, estar desesperados, porque significa acabar con las fuerzas interiores, con cualquier posibilidad de salir adelante. Robert Burton, escritor inglés del siglo XVII decía que «La esperanza y la paciencia son dos soberanos remedios para todo; son los más seguros y los más blandos cojines sobre los cuales podemos reclinarnos en la adversidad».

En ese sentido, la tarea prioritaria frente a la circunstancia actual es recuperar la esperanza. Cada uno hace un esfuerzo mental y volitivo. De ello depende el futuro. Para ello aquí se sugieren cuatro ideas que pueden ser útiles:

a) Recordar aquel viejo adagio que dice: «el momento más oscuro de la noche es justo antes del amanecer». Así lo demuestra la historia.

b) Superar una adversidad incrementa la capacidad para ser feliz. Esta es una oportunidad para ser más plenos.

c) Buscar la paz interior que nos da serenidad. A través de dedicar espacios de nuestro tiempo al silencio y la reflexión.

d) Pensar que hay algo hermoso más allá, algo por lo que vale la pena vivir. Pensar si nuestra vida tiene sentido, si no, hay que buscarlo.

En conclusión, éste es un momento importante para mantener la esperanza, si se ha perdido recuperarla, darse cuenta de que es condición necesaria para construir un mejor mundo y alcanzar una vida lograda.