Problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando

Problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando

El papa Francisco visitó en la fronteriza Ciudad Juárez en el estado de Chihuahua, al norte del país, una cárcel que tiene en total tres mil reos hombres y 200 mujeres.

En el discurso que les dedicó señaló que las cárceles “son un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida; de una sociedad que ha ido abandonando a sus hijos” y animó a los reclusos a continuar hacia adelante mirando a Cristo en la cruz.

En el encuentro participaron 700 reclusos, 250 familiares de internos y 50 miembros de la pastoral penitenciaria y 50 personas de la fiscalía responsable de las penitenciarías de Chihuahua.

Francisco saludó a 20 mujeres y 30 hombres distinguidos por su buena conducta. Ellos le regalaron una férula labrada a mano, un báculo de 1,95 metros y una vasija artesanal típica de una región.

Francisco les ofreció también un discurso plagado de cariño y ánimo dada la vida que tienen. “No quería irme sin venir a saludarlos, sin celebrar el Jubileo de la Misericordia con ustedes”, les dijo.

“Hoy, junto a ustedes y con ustedes, quiero reafirmar una vez más la confianza a la que Jesús nos impulsa: la misericordia que abraza a todos y en todos los rincones de la tierra. No hay espacio donde su misericordia no pueda llegar, no hay espacio ni persona a la que no pueda tocar”.

Francisco explicó entonces que “celebrar el Jubileo de la misericordia con ustedes es recordar el camino urgente que debemos tomar para romper los círculos de la violencia y de la delincuencia”.

Además, alertó de que “nos hemos olvidado de concentrarnos en lo que realmente debe ser nuestra preocupación: la vida de las personas; sus vidas, las de sus familias, la de aquellos que también han sufrido a causa de este círculo de la violencia”.

“Es aprender a abrir la puerta al futuro, al mañana; es creer que las cosas pueden ser diferentes. Celebrar el Jubileo de la misericordia con ustedes es invitarlos a levantar la cabeza y a trabajar para ganar ese espacio de libertad anhelado”, resaltó el papa.

En su mensaje dijo:

La misericordia nos recuerda que la reinserción no comienza acá en estas paredes; sino que comienza antes, comienza «afuera», en las calles de la ciudad. La reinserción o rehabilitación, (como le llamen) comienza creando un sistema que podríamos llamarlo de salud social, es decir, una sociedad que busque no enfermar contaminando las relaciones en el barrio, en las escuelas, en las plazas, en las calles, en los hogares, en todo el espectro social. Un sistema de salud social que procure generar una cultura que actúe y busque prevenir aquellas situaciones, aquellos caminos que terminan lastimando y deteriorando el tejido social.

A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos más que promover los procesos de reinserción que permitan atender los problemas sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona a una determinada actitud. El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando, sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social.

Esclavistas comparecerán ante Dios: Francisco

El papa Francisco advirtió que Dios le pedirá cuenta a los “esclavistas de hoy”, en una dura crítica a la precariedad e ilegalidad laboral, a la mentalidad reinante que busca conseguir ganancias a cualquier costo.

Esto durante el encuentro que sostuvo con tres mil trabajadores, sindicalistas y empresarios en el Palacio del Deporte de esta ciudad, y que comenzó con un giro entre la multitud a bordo de un vehículo de golf.

Antes de tomar la palabra, el pontífice escuchó una introducción de Jorge Alberto Cavazos Arizpe, arzobispo auxiliar de Monterrey y asesor de la dimensión de pastoral laboral de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

También oyó los testimonios de un matrimonio formado por Daisy Flores Gámez, secretaria, y Jesús Arturo Gurrola Varela, empleado.

“El lucro y el capital no son un bien por encima del hombre, están al servicio del bien común. Y, cuando el bien común es forzado para estar al servicio del lucro, y el capital la única ganancia posible, eso se llama exclusión”, dijo Francisco.

“Desgraciadamente, el tiempo que vivimos ha impuesto el paradigma de la utilidad económica como principio de las relaciones personales. La mentalidad reinante propugna la mayor cantidad de ganancias posibles, a cualquier tipo de costo y de manera inmediata”, lamentó.

“No más muerte ni explotación”

“¡No más muerte ni explotación!”, clamó el papa Francisco en una misa que celebró en la frontera de México y Estados Unidos, donde denunció las “terribles injusticias” que sufren los migrantes en su intento por llegar “al otro lado”.

“Esclavizados, secuestrados, extorsionados, muchos hermanos nuestros son fruto del negocio del tránsito humano”, dijo el papa al hablar ante miles de personas congregadas en la explanada El Chamizal, a escasos metros de la alambrada que separa Chihuahua de Texas.

En la parte estadounidense un grupo de fieles pudo seguir la celebración y antes de ingresar en el estadio de futbol local, donde se montó el altar, pasó con el papamóvil por “el punto”, el espacio más cercano al sector fronterizo, se bajó del vehículo y envió una bendición a través de la malla metálica.

“No podemos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas, ya sea por tren, por carretera e incluso a pie, atravesando cientos de kilómetros por montañas, desiertos, caminos inhóspitos”, apuntó.

“Esta tragedia humana que representa la migración forzada hoy en día es un fenómeno global. Esta crisis, que vse puede medir en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias”, agregó.

Recordó que en Ciudad Juárez y en otras zonas fronterizas se concentran miles de migrantes de Centroamérica y otros países, sin olvidar a los mexicanos que también buscan pasar al otro lado.

Sostuvo que ellos son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza, la violencia, el narcotráfico, el crimen organizado y, frente a “tantos vacíos legales”, caen presas de una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres.

Abundó que no solo sufren la pobreza, sino que encima sufren estas formas de violencia; una injusticia que se radicaliza en los jóvenes que se vuelven “carne de cañón”, son perseguidos y amenazados cuando tratan de salir de la espiral de violencia y del infierno de las drogas.

“¡Y que decir de tantas mujeres, a quienes se les ha arrebatado injustamente la vida!”, continuó, haciendo referencia a las “muertas de Juárez”.

Llamó a que le pidan a Dios “el don de la conversión”, “el don de las lágrimas” y tener el corazón abierto a su llamado en el rostro sufriente de tantos hombres y mujeres.

“¡No más muerte ni explotación! Siempre hay tiempo de cambiar, siempre hay una salida y una oportunidad, siempre hay tiempo de implorar la misericordia del padre”, apuntó.

Más adelante aseguró que conoce y destacó el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil a favor de los derechos de los migrantes, así como la labor comprometida de tantas hermanas religiosas, de religiosos y sacerdotes, de laicos “que se la juegan en el acompañamiento y en la defensa de la vida”.

Sostuvo que ellos son “signos que se vuelven luz en el camino y anuncio de salvación”, al asistir en primera línea, arriesgando muchas veces su vida.

“Con sus vidas son profetas de la misericordia, son el corazón comprensivo y los pies acompañantes de la Iglesia que abre sus brazos y sostiene”, aseveró.

El jerarca católico agradeció por último a “los hermanos y hermanas” de la vecina comunidad de El Paso, Texas, por “hacernos sentir de una misma comunidad cristiana”.

Miles de católicos estadounidenses y de otras nacionalidades acudieron al estadio Sun Bowl en El Paso y gracias a la tecnología (pantallas colocadas en el recinto) pudieron seguir paso a paso las incidencias del acto litúrgico.