Hay cifras que permiten mirar con cierta perspectiva lo que se ha construido como país. En el año 2000, las mexicanas y los mexicanos mayores de 15 años tenían, en promedio, 7.5 años de escolaridad. Para 2015 se había alcanzado 9.2 años y en 2024 se llegó a 10.2.
Detrás de esa progresión están millones de historias familiares: hijos que estudiaron más años que sus padres, jóvenes que llegaron por primera vez al bachillerato y generaciones para las cuales ingresar a una universidad pública se convirtió en una posibilidad real.
Ahora se tiene un horizonte mayor: acercarse a los 12 años de escolaridad promedio, equivalentes a la educación media superior completa. Alcanzarlo significaría que el bachillerato se convierta progresivamente en el piso educativo de la sociedad.
Por eso adquiere especial importancia lo ocurrido en Texcoco, Estado de México, donde la presidenta Claudia Sheinbaum inauguró un nuevo plantel del Bachillerato Nacional y anunció que, ante la demanda existente, se duplicará la meta sexenal hasta alcanzar 400 mil nuevos lugares en educación media superior.
El dato cobra dimensión con lo que está ocurriendo en las universidades públicas. La meta federal contempla 330 mil nuevos espacios de educación superior.
La Universidad Nacional Rosario Castellanos proyecta superar los 200 mil estudiantes hacia 2030, mientras las Universidades para el Bienestar Benito Juárez García continúan ampliando su presencia en distintas regiones del país. Se está ante un esfuerzo educativo de gran escala.
Una generación que permanece más tiempo en las aulas llega al mercado laboral con mayores conocimientos. Eso ejercerá una presión saludable sobre la economía.
Se tendrá que generar empleos más especializados y mejor remunerados, ampliar la capacidad tecnológica y crear condiciones para que el conocimiento producido en escuelas, universidades y centros de investigación encuentre espacios donde desarrollarse.
El siguiente gran esfuerzo será convertir todo ese conocimiento en desarrollo, mejores empleos y bienestar para nuestras familias. Si se consigue hacerlo, se habrá dado un salto histórico que comenzó cuando se decidió que cada nueva generación de mexicanas y mexicanos debía tener la oportunidad de estudiar más que la anterior.












