Detrás de cada desaparición de un menor de edad en Zacatecas siempre surge la sospecha de que no se trata de una ausencia voluntaria, sino de algo mucho más grave: el reclutamiento forzado a manos de grupos criminales. Y es que “la delincuencia organizada ve a los adolescentes como desechables, los reclutan y los mandan a la primera línea de fuego, son carne de cañón”, lamenta la psicóloga Aimé Alanís Pérez, especialista en atención a menores víctimas de la violencia.
En lo que va del año y hasta el 28 de agosto, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) reporta en la entidad 13 casos de menores de edad de entre 12 y 17 años (siete mujeres y seis hombres) focalizados en siete municipios: Sombrerete, Villanueva, Tlaltenango, Guadalupe, Fresnillo, Zacatecas y Pinos. En 2025 la cifra cerró con 20.
Sin embargo, este fenómeno y su dinámica de movilidad criminal son de alcance interestatal.
Recientemente, tras la localización con vida de un grupo de personas que tenían fichas de búsqueda —dos mujeres, una bebé y un chofer de plataforma—, las investigaciones revelaron que una de las víctimas, apodada “La China”, de 19 años, operaba como reclutadora para un grupo delictivo.
A este patrón se suma el caso de tres adolescentes de entre 14 y 17 años que desaparecieron en julio en Jalisco. Los primeros rastreos telefónicos ubicaron su desplazamiento por dos municipios zacatecanos: Santa María de la Paz y Florencia. Al avanzar las indagatorias de la fiscalía de Zacatecas, las señales arrojaron una nueva ubicación entre el 8 y 10 de agosto, lo que permitió localizar con vida a los adolescentes Dominic y Jeremi en el municipio de Villa Unión, Sinaloa.
“Menores reclutados”
Aimé Alanís explica que el patrón de captación abarca desde el engaño virtual hasta la cooptación forzada en zonas vulnerables con falsas ofertas de empleo, citas en centrales de autobuses, raptos directos o mediante videojuegos en línea con altos niveles de violencia.
Además, subraya la doble ventaja que el crimen explota en los menores, ya que al no contar con una credencial del INE son invisibles para filtros de seguridad y las búsquedas; y al ser detenidos resultan inimputables o son liberados a los pocos años.
Ante la emergencia y estos acontecimientos, los colectivos locales y de otras entidades se han convertido en un primer puente de auxilio, como ocurrió con el caso de los tres adolescentes desaparecidos de Jalisco.












