Destrucción de papeletas y urnas en un colegio por parte de un grupo de electores en protesta por el retraso en el inicio de la votación, alteró la normalidad de la jornada del referendo boliviano para definir si el presidente Evo Morales puede volver a ser candidato en los comicios de 2019, que sin embargo fueron considerados incidentes menores por parte de los observadores. Los bolivianos votaron este domingo a favor y en contra de una propuesta del poder para cambiar el Artículo 168 de la Constitución con el propósito de que se autoricen tres mandatos consecutivos, en lugar de los dos períodos actualmente permitidos.
De vencer, serían 19 años ininterrumpidos de Gobierno, sin embargo, al parecer eso no sucederá ya que el “no” habrá de imponerse.
Se ha convertido en moda de la región, el reeleccionismo. Pese a que las legislaciones constitucionales claramente lo prohibían, en varios casos han sido modificadas. Para las generaciones que se educaron bajo un principio anti reeleccionista, resulta más que inquietante, aberrante. Porque la democracia no puede servir a los intereses de un individuo. De otra manera es una dictadura.
No se trata de reformas a las Constituciones para mejorar. Se trata únicamente de cambiarla para que el que ha llegado se quede en el poder el tiempo que desee.
Por ejemplo, el legislador ecuatoriano Fabián Solano se ha prestado para ser portavoz de los afanes reeleccionistas al presentar ante la Asamblea Nacional una iniciativa de reforma constitucional con el único fin de permitir la reelección indefinida del presidente de Ecuador, Rafael Correa. Pero no es una realidad exclusiva de ese país. Es una desafortunada desviación que ha venido presentándose primero en Venezuela, después en Bolivia. Antes que allí se intentó en Honduras con resultados desastrosos.
Se trata de un hecho que ha implicado una batalla interna en varios países para conseguir los cambios constitucionales que eventualmente han quebrado todo el orden –igualmente constitucional–, como sucedió precisamente en Honduras. Así fue en Venezuela, en donde las reelecciones se montaron en un entramado construido durante años para después disponer a placer. Son administraciones que enarbolan una revolución que en los hechos es involución que secuestra y conculca derechos de una parte importante de la ciudadanía.
En algún país se ha logrado que esas modificaciones se apliquen sin convulsiones sociales, pero por encima de la Constitución, como es el caso de Bolivia, país en que, no obstante, el Tribunal Constitucional Plurinacional ha dado a conocer que el presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera podían reelegirse en los comicios sin ninguna controversia constitucional, lo que los mantendrá en el poder hasta 2020.
Es cierto que en México, a finales del año antepasado, se aprobaron reformas en este sentido, pero es distinto. Se recordará que el Senado avaló cambios a la Constitución que modificaron el régimen político-electoral para permitir que los legisladores y presidentes municipales se reelijan en sus cargos. Cosa menor.
En el caso de los países sudamericanos se trata del titular del Ejecutivo, quien luego adquiere un poder más allá de lo legal sobre los Congresos e incluso sobre los Tribunales, con lo que se hace del control total, como sucede en algún país del sur en el que de tiempo atrás nadie se atrevía a cuestionar las decisiones del presidente, quien a su vez impone y casi gobierna por decreto. Sólo ahora, el pueblo, después de haber salido por miles a las calles, le ha dado la espalda en las urnas al haber votado una Asamblea Nacional casi totalmente opositora al oficialismo.












