El Ocelot —vehículo táctico con blindaje nivel 7— avanza al frente del convoy de una Base de Operaciones Interinstitucional (BOI) en marcha.
Su misión puede ser la instalación de un punto de inspección urbana, un patrullaje de rutina o el despliegue táctico hacia las dos regiones de mayor atención: en el sur, colindante con Jalisco y Aguascalientes, donde opera el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), o en el norte, en los límites con Durango, bajo la influencia del Cártel de Sinaloa.
En cualquier despliegue, la orden es la misma: internarse en zonas urbanas, serranas o rurales para ubicar los objetivos prioritarios que dictan los mapas de inteligencia.
Detrás del vehículo blindado avanzan soldados, elementos de la Guardia Nacional y policías estatales en una organización táctica capaz de desplegarse por horas en las rutas de mayor riesgo. Ahí, los reconocimientos estratégicos han permitido desde la localización de casas de seguridad y narcolaboratorios hasta el desmantelamiento de células dedicadas al cobro de piso y al tráfico de armas.
Cada unidad ocupa un lugar calculado que cambia de ritmo en cualquier momento. Los patrullajes o misiones especiales parten desde las instalaciones militares tras el Briefing, la reunión donde el comandante a cargo define las órdenes a partir de la información de inteligencia acumulada.
La consigna es mantener la coordinación entre el Ejército, la Guardia Nacional, la Policía Estatal, la fiscalía e incluso corporaciones municipales bajo un esquema horizontal.
Los elementos seleccionan objetivos visuales prioritarios: motociclistas con mochilas o maleteros, conductores jóvenes, transporte de carga, vehículos con vidrios polarizados y cualquier patrón de conducta sospechoso.
Este despliegue urbano es una cara de la estrategia, pero también están las bases que operan mediante patrullajes para acciones específicas con otro tipo de logística y equipos tácticos, bajo el estudio previo de inteligencia en las regiones norte y sur de la entidad.











