Refugiados sueñan con dejar Líbano por miseria

Refugiados sueñan con dejar Líbano por miseria

Presionados por el alto costo de la vida en Líbano y por las dificultades impuestas por el gobierno para regularizar su situación en el país, cada vez más refugiados sirios sueñan con emigrar a Europa.

“Quien tiene dinero, se va. Solo quien no tiene se queda aquí, muriendo poco a poco”, afirma Mohamed, cuya piel curtida y los trazos cansados le confían una apariencia de muchos más que sus 42 años de edad.

Con su familia, huyó de Raqa en 2011, en el inicio de los enfrentamientos, por miedo de que sus seis hijos hombres se juntasen a uno de los grupos armados que actúan en la región o de que fueran convocados por el ejército.

Pero, luego de cuatro años de exilio en un campo de refugiados en el Valle de la Becá, ha perdido la esperanza de un día poder llevar una vida decente en el Líbano vecino.

Desde noviembre, las ayudas alimentarias que recibía del programa de alimentación de Naciones Unidas han sido recortadas de 120 a 105 dólares por mes para la familia de diez personas.

Ninguno de sus hijos va a la escuela y las dos niñas, de 12 y 14 años, trabajan ilegalmente en las plantaciones de ajo del valle, junto con la madre, a cambio de cuatro dólares diarios por persona.

Sus ingresos, los únicos del hogar, son insuficientes para cubrir los 350 dólares al mes que deben pagar en concepto de alquiler por la barraca en la que viven.

A ello se suman otros 30 dólares por la electricidad, más el valor correspondiente por el agua que consumen.

Según una encuesta realizada por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) y el Fondo de la ONU para la Infancia (Unicef), en conjunto con el Programa Mundial de Alimentos, 89 por ciento de los refugiados residentes en Líbano viven endeudados.

“El costo de vida es muy elevado, incluso para un refugiado que vive en un campamento informal. Los refugiados se están hundiendo cada vez más en la pobreza”, afirma Lisa Abou Khaled, responsable de información pública de Acnur en Líbano.

“Un 70 por ciento de ellos vive abajo del nivel de pobreza, que es de 3.84 dólares por día en el país. En 2014 ese porcentaje era de 50 por ciento”, explicó.

Uno de cada cuatro residentes en Líbano es refugiado, la mayor concentración per cápita en el mundo.

La línea dura adoptada hace un año por el gobierno en un intento de controlar esa situación está elevando aún más la miseria.

Los sirios, que durante años fueron la principal mano de obra legal en la agricultura y la construcción en Líbano, pasaron a ser prohibidos de trabajar legalmente en respuesta a las quejas de los autóctonos, que atribuían el alza del desempleo a la llegada de refugiados.

Los ahorros de una familia llegan a su fin y por ello se han vuelto incapaces de pagar la renovación anual de los permisos de residencia, cuyo costo se eleva a 200 dólares por persona mayor de 15 años de edad.