El Alto Comisionado de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados, en un informe presentado hace tres años sobre el inventario de individuos sujetos de la atención y programas del organismo debido a su situación de desplazamiento forozoso, precisó que el número ascendía a 34 millones, cifra 30 por ciento superior comparativamente con la de solo seis años atrás.
Pero el año pasado sumaban ya 51,2 millones de personas, un nivel nunca visto desde la II Guerra Mundial, de acuerdo con este organismo. En 2014 se observó un dramático aumento del desplazamiento masivo provocado por guerras y conflictos, que alcanzó una vez más niveles sin precedentes en la historia reciente.
Solo un año después, el Alto Comisionado de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados dio a conocer que esta cifra ha llegado a la impresionante cifra de 59,5 millones, con un aumento de 8,3 millones de personas. En 2014, los conflictos y la persecución obligaron a una media diaria de 42 mil 500 personas a abandonar sus casas y buscar protección en otro lugar, dentro de las fronteras de su país o en otros países.
Unos 13,9 millones de personas se convirtieron en nuevos desplazados por los conflictos o a la persecución en 2014. Entre ellos había 11 millones de nuevos desplazados dentro de las fronteras de su propio país, la cifra más alta nunca registrada. Los otros 2,9 millones de personas eran nuevos refugiados.
De acuerdo con el organismo internacional, los factores que generarán todavía un mayor número de refugiados y desplazados en el mundo son, además de los conflictos, el crecimiento de la población, la urbanización, la inseguridad alimentaria, la escasez de agua, la competencia por los recursos y los efectos del cambio climático; en este tenor, la estadística muestra que 42 millones de individuos dejaron su lugar de origen obligados por desastres naturales.
Sin embargo en muchos casos tiene responsables.
En este panorma sombrío, se observa que mientras las nuevas crisis se multiplican, las antiguas persisten y pareciera que nunca van a desparecer, pero además, los factores que causan los desplazamientos masivos de refugiados en el mundo van en crecimiento y continuarán aumentando en la próxima década, de acuerdo con un informe publicado por la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados.
La multiplicación de las crisis hace que éstas sean muy difíciles de resolver para la comunidad internacional, y causan una enorme cantidad de sufrimiento para millones de personas, destaca el organismo mundial.
En las proporciones gigantescas que se presenta hoy en el mundo, se le ve como un fenómeno lejano y ajeno. En proporción menor, un país latinoamericano ahora está haciendo lo posible por crear uno artificialmente en sus fronteras, para desviar la atención sobre los verdaderos problemas en su interior. Venezuela ha construido una crisis artificial con su vecino Colombia, a cuyos ciudadanos ha echado, vejado y persegido al más puro estilo de sátrapas que hoy hacen lo mismo en otras latitudes.
México tampoco ha sido ajeno a este problema. En los años 80, oleadas de refugiados guatemaltecos irrumpieron en Marqués de Comillas, Las Margaritas, La Trinitaria, Comalapa y otros municipios, en la Frontera Sur.
En el norte del país, en el sexenio pasado, el Gobierno Federal, a través de un reforzamiento institucional fue logrando paulatinamente el retorno de grupos desplazados a poblados del estado de Tamaulipas que habían quedado prácticamente deshabitados por la violencia del crimen organizado.
Afortunadamente, Chiapas, en este sentido, ha dejado atrás este fenómono que tuvo auge en años posteriores a 1994. Aquí, tanto desplazados (internos) como refugiados, en su momento fueron atendidos institucionalmente. Hoy un asunto finiquitado.












