En el pleno de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, legisladores de oposición y del oficialismo repartieron culpas y acusaciones por el aumento de la violencia en el país y en especial por el asesinato de sacerdotes jesuitas.

En tribuna, Kenia López, senadora del PAN, condenó los asesinatos de los sacerdotes jesuitas, Javier Campos y Joaquín Mora, ocurridos en el municipio de Urique, Chihuahua.

Ante el malestar y gritería de morenistas y sus aliados, exhortó al presidente López Obrador romper el pacto de impunidad que tiene con el crimen organizado, porque ese no es el camino para pacificar al país.

La senadora por Morena, Gabriela López, argumentó que se viene de la peor época de gobiernos neoliberales que combatían “el fuego con el fuego” y “la violencia con más violencia”.

Aseguró que la situación de inseguridad se agravó durante el periodo del ex presidente Felipe Calderón, porque en ese gobierno se “pretendió administrar la paz como si fuera una empresa, vendiendo plazas y vendiendo la ley; de ahí salió García Luna y una política del uso de la fuerza desmedida que derramó sangre y una sociedad marcada por la violencia continúa”.