Roman, protegido por su fe

Entre las diversas divisiones es una práctica común adoptar animales que se convierten en mascotas. En la de Roman tienen un perro, un hermoso y leal pastor alemán. Notimex
Entre las diversas divisiones es una práctica común adoptar animales que se convierten en mascotas. En la de Roman tienen un perro, un hermoso y leal pastor alemán. Notimex

La guerra que están librando en el este de Ucrania los separatistas pro-rusos y los nacionalistas está hecha de trincheras y búnkers, como eran antiguamente.

En la región del Donbass, donde está la rebelde Donetsk, hay enfrentamientos a diario con proyectiles y francotiradores.

De todo eso sabe mucho Roman, conocido como “El Georgiano”, que se puede definir como un verdadero mastín de guerra.

Roman ya ha recibido muchas medallas al valor. En una foto se le puede ver con veteranos del Ejército Rojo, que están tan cargados de medallas que casi es difícil adivinar la chaqueta del uniforme.

En Georgia, su patria, libró sus primeras batallas. Ahora toda la familia de Roman está implicada en Donetsk. Su mujer y su hijo están con él desde el principio de la guerra.

Roman reprende al muchacho, de 20 años, tan pronto como llegamos a la sede del comando del pueblo de Spartak, no muy lejos de lo que queda del aeropuerto internacional, que meses atrás fue destruido por los combates. “¿Por qué no llevas el casco?”, le grita. “Corre a buscarlo”, le ordena.

Las líneas enemigas en esta área están en manos del tristemente célebre Batallón Azov. En la zona no es difícil encontrarse con proyectiles sin estallar y clavados en el suelo.

También se utilizan lanzadores de cohetes BM-21 y proyectiles de más de 100 mm, una clara violación del Protocolo de Minsk, que prevé la eliminación de todas las armas pesadas que estén a 15 kilómetros de la línea de frente, hacia los dos lados del conflicto, para crear una zona desmilitarizada de unos 30 kilómetros. Estas violaciones se cometen en ambos lados.

Aunque aparenta más, Roman tiene solo 42 años. Comandante de su división, es un faro para sus hombres. Cada vez que durante una patrulla o un cambio de guardia Roman se cruza con uno de sus subordinados, lo abraza calurosamente y le pregunta cómo van las cosas.

Adoptan animales

Entre las diversas divisiones desplegadas en el campo de batalla es una práctica común adoptar animales que se convierten en mascotas. Hay divisiones que tienen un búho, otras un conejo, otras un gato.

En la de Roman tienen un perro, un hermoso y leal pastor alemán. El animal está tan acostumbrado a la guerra que ni siquiera pestañea cuando hay bombardeos y disparos.

El joven Artyom, de tan solo 19 años, que tiene como nombre de guerra “El Oscuro” por el color de su pelo, ha dejado la universidad para unirse a la causa separatista.

Se sintió como en casa desde el primer momento en que llegó a Spartak como voluntario. La línea de frente de Spartak es una de las más calientes. Los proyectiles caen con un intervalo de pocos segundos el uno del otro, y son interrumpidos ocasionalmente por el sonido de ametralladoras y por los secos disparos individuales de los francotiradores.

Aquí, como en otros lugares, es el Batallón Vostok, que incluye la división de Roman, quien controla con mano dura las trincheras.

La estructura militar de la República Popular de Donetsk tiene otras formaciones militares válidas que juntas no pueden definirse como ejército por los acuerdos de Minsk.

El nombre oficial es, de hecho, Milicia del Pueblo, y está supervisado por el Ministerio de Defensa de la República Popular de Donetsk.

Las figuras religiosas están presentes por todas partes y están vinculadas también a una visión zarista de la Santa Madre Rusia, protectora de los pueblos eslavos. La cinta de San Jorge, por ejemplo, es un símbolo de continuidad que va de la época imperial hasta llegar a la Presidencia de Vladimir Putin.

Un símbolo que encarna hoy el variado mundo del extremismo nacionalista ruso también une a fuerzas política y culturalmente distantes entre ellas.

Así, todos los soldados, incluyendo a Roman, añaden al clásico broche con el martillo y la hoz un pequeño crucifijo de oro colgado del cuello. “La fe religiosa y la política -asegura “El Georgiano”- me han protegido siempre y continuarán haciéndolo mucho más tiempo”.