Valentina Davydova Belitskaya es una académica de la Universidad de Guadalajara y llegó a México hace 32 años proveniente de lo que fue la Unión Soviética, su madre es ucraniana y su padre ruso, y considera que la actual guerra entre ambos países no hubiera ocurrido si en Ucrania hubiera mayor conocimiento de la historia compartida por ambos pueblos.
Contrario a la información que predomina en los medios occidentales, Davydova señala que esta guerra no la inició Rusia, sino Ucrania, al atacar territorio ruso hace aproximadamente cinco días: “Mi hermano vive a unos 100 kilómetros de la frontera con Donetsk y empezó a comentar que ya se oían bombardeos y disparos que llegaron a territorio ruso, por lo que un comité de investigaciones se presentó en el lugar del impacto y determinó que los restos de metal encontrados eran de origen ucraniano, por lo que Rusia estaba obligada a entrar en los territorios independientes –Donetsk y Lugansk– que ya le habían pedido ayuda”.
La académica recuerda que desde hace 30 años, tras la ruptura de la Unión Soviética, en Ucrania se alentó una “cultura rusofóbica” que provoca que las personas de menos de 35 años vean a Rusia como el enemigo público número uno, pues no conocen la historia de su país, de cómo se formó y el profundo vínculo cultural, económico y de colaboración que había entre ambos países.
Afirma que esta situación generó acciones genocidas del Gobierno de Ucrania, que promovió la persecución y el asesinato de personas rusas establecidas en ese país, situación que en 2014 llevó a las regiones de Donetsk y Lugansk (en la frontera con Rusia) a solicitar formalmente su separación de Ucrania; fue cuando Rusia reconoció a ambas regiones como repúblicas independientes, mientras que Ucrania nunca lo hizo, a pesar de que el actual gobierno se había comprometido a resolver el conflicto: “La guerra no fue iniciada por Rusia, que esperó durante ocho años a que se resolviera el conflicto y ahora respondió al genocidio y a las solicitudes de dos repúblicas independientes”.
Davydova considera que esta guerra también es una “guerra informativa”, pues predominan las versiones que se generan desde países como Estados Unidos e Inglaterra, que además están presionando para imponer sanciones económicas a Rusia y a sus gobernantes.












