La Secretaría de Salud del estado ha estado llamando a hacer conciencia sobre la importancia de la prevención ante enfermedades como el cáncer. El más reciente, el día de ayer. En México es la tercera causa de muerte. No obstante que muchos casos son superables, el 60 por ciento no se detecta a tiempo. Por eso es importante someterse a controles médicos, especialmente cuando hay antecedentes familiares de la enfermedad.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en 2010 la tasa de mortalidad por esa enfermedad en el país era de 65 por cada cien mil habitantes. La Secretaría de Salud indica que cada año mueren más de tres mil 500 mujeres por cáncer de mama, convirtiéndose en la primera causa de decesos y en el segundo tumor más frecuente en este grupo de población.
La Organización Mundial de la Salud proyecta que en dos décadas habrá 22 millones de decesos por cáncer al año, a nivel mundial. En México, actualmente se registran 120 mil muertes por esta causa al año, es decir 333 decesos cada 24 horas, según lo indican el Instituto Mexicano del Seguro Social y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado.
Pero qué es este mal. El Instituto Nacional del Cáncer explica que es un grupo de muchas enfermedades relacionadas que empiezan en las células. La descompensación en estas unidades forma una masa de tejido que es lo que se llama tumor. No todos los tumores son cancerosos. Unos pueden ser benignos, otros malignos.
Los benignos no son cancerosos. Generalmente se pueden extraer y, en la mayoría de los casos, no reaparecen. Las células de los tumores benignos no invaden otras partes del cuerpo. Lo más importante es que rara vez ponen la vida en peligro.
Los tumores malignos son cancerosos. Las células en los tumores malignos tienen anomalías y se dividen sin control y sin orden. Estas células cancerosas pueden invadir y destruir el tejido a su alrededor. Además, las células cancerosas pueden desprenderse de un tumor maligno y entrar al torrente sanguíneo o al sistema linfático.
La ciencia actual ha observado que el cáncer es causado por alteraciones en los genes que controlan el crecimiento y la muerte normal de las células. Ciertos estilos de vida y factores ambientales pueden convertir algunos genes normales en genes proclives al crecimiento del cáncer. Muchos cambios genéticos que conducen al cáncer son el resultado del uso del tabaco, la dieta, la exposición a los rayos ultravioleta del sol o la exposición a carcinógenos en el lugar de trabajo o en el ambiente. Algunas alteraciones genéticas son heredadas del padre, de la madre, o de ambos. Sin embargo, el haber heredado una alteración en un gen no siempre significa que la persona se verá afectada; sólo significa que las posibilidades de padecerlo son mayores.
Aunque tener una infección de ciertos virus, tales como los del papiloma humano, de la hepatitis B y C, y el de la inmunodeficiencia humana aumenta el riesgo de algunos tipos de esta enfermedad, el cáncer no es contagioso. Una persona no puede contraerlo de otra persona que tenga la enfermedad.
No hay alguna forma garantizada de prevenirlo, pero se puede reducir la posibilidad de padecerlo al abstenerse de consumir productos de tabaco; escoger alimentos con menos grasa y comer más verduras, frutas y grano integral;
hacer ejercicio con regularidad y mantener un peso saludable; evitar los rayos dañinos del sol, usar protector solar y ropa que proteja la piel. Aunque pueden evitarse factores de riesgo, algunos, como las afecciones heredadas, no podrán eludirse.












