Lo que Donald Trump presentó inicialmente como una operación que podía resolverse en pocas semanas cumplió seis meses sin un final a la vista, con Irán golpeado militar y económicamente pero todavía capaz de desafiar a Estados Unidos en el estrecho de Ormuz, mientras Washington abre ahora un nuevo frente para intentar asfixiar financieramente a Teherán.
La guerra iniciada el pasado 28 de febrero por Estados Unidos e Israel entró así en una nueva fase, en la que los ataques militares conviven con una creciente batalla económica y diplomática por el control de una de las rutas energéticas más importantes del planeta.
Trump aseguró que Estados Unidos controla Ormuz y que el paso está abierto, pero la Guardia Revolucionaria iraní respondió que esa afirmación es “una mentira evidente” y sostuvo que Teherán mantiene el “control total” del estrecho.
Los datos de navegación reflejan una realidad mucho más compleja: apenas siete buques comerciales atravesaron el paso el jueves, frente a los cerca de 100 diarios que circulaban antes de la guerra.












